"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

martes, 10 de julio de 2012


Lo veo todo a través de una oscura luz, una voz me susurra, guía mis manos, me obliga a escribir, a silenciar su tintineo insinuante, a clamar su sed de sangre.
Sonríeme, sonríe. Cuando sonríes con esa tristeza infinita el mundo es más bonito. Ojalá te viese llorar en una súplica muda. Ojalá suplicases alguna vez. Sería aterrador, como estar sostenida en el aire sin saber cuándo se terminará la gravedad inversa de tu llanto. Tus manos temblando serían bellas, así como el agua desbordando el abismo de tu mirada tan indefensa y tan antigua.
Serías, si es que no eres ya, como el mar, sola, eterna, inabarcable, imposible de retener, caprichosa. La más dulce muerte.
Quieran los Dioses que la expectación no se vaya nunca de tu semblante, porque lo lúgubre de tu expresión te hace cristalina.
Te doy todos mis órganos, mi sangre,  mi aire, ambos pulmones, toda mi piel, mis rodantes pupilas y cada uno de mis labios.
Una vez los tengas todos abrazados en tu cama oscura, sostenidos entre tus pechos, con mi alma atrapada en tu ombligo, entonces, arde en el infierno y deja de castigarme.
Si no lo haces, al menos arde conmigo aquí en el suelo de baldosas frescas, arde conmigo una vez más. Prometo que será la última, promete que no te irás.


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