"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

lunes, 23 de julio de 2012

Decadencia dulce.
Arrincóname.
Muérdeme.
Me arde la espalda.
Me duele la cabeza.
"No deberíamos vernos más,
lo nuestro es un amor prohibido."

Eso intenté decirte anoche.

"Vete"
Grité.
"Abandóname"
Y lo hiciste obediente.

Y Fue.
Peor.

Me encontré sola, rodeada de colores brillantes.

Y fue.
Extrañamente peor.

Horrible.

Decadencia dulce,
aráñame,
cómeme,
bésame.

"No vuelvas a irte,
estamos destinados."

Intento decirte ahora.

Pero todo suena a plástico,
a inutilidad.

A Paula.

Paula es quien debería irse.


miércoles, 18 de julio de 2012

Saltan las notas como las hojas del árbol. Hay viento y hierba por todas partes, como en un paraíso inventado y nuestro, privado, porque sólo nuestros ojos perdidos se dan cuenta del valor de una compañía tan lúgubre y solitaria. (Y dulce)
Huele a tabaco y alcohol en vez de a campo. Eso está bien, es cómodo, no se aleja tanto de nuestra esencia, que es una, y es cuatro, y es nada.
Respiro, me encuentro, me muestro, grito en mi silencio, os lanzo imágenes sacadas de la poca alma que puede quedarme ya.

Me salváis, me salvo, nos hundimos.
Se mueve el trigo, se pelea. Es tan hermosa la luz como la música, tan suave la toalla como la piel.

Tan delicado el soplo como nuestra cordura.
Hace sol, como siempre, como nunca. No habrá luna esta noche, no la habrá porque no me pararé a mirarla, y así, es como si no existiera.
Estaremos en mi cama, dando un cambio de aires, un vuelvo a la rutina, un golpe de efecto al corazón cansado de los compromisos.
Hace sol, repito, pero estamos con las persianas bajadas, la música acompañando a mi tristeza y a los quejidos de las teclas de tu máquina.
Se me caen las lágrimas sentada en tu suelo. Imaginando como se sintió ella, y cómo se sentirá Él.
Los días no pasan en balde, somos seres extraños.
Quedémonos así para siempre, rodeados de sutilezas, de enigmas y de silencios.
Quedémonos así y sobreviviremos.

lunes, 16 de julio de 2012

Cerveza, música, ruido, gente.
Un infinito hecho de nuestras pieles, culpables de la extraña libertad de las penas.
Somos tú y yo, no un nosotros cegador y asfixiante.
Es lo justo, yo desenamorada, tú ca(n)sado con sus suspiros cronométricos.
Nos necesitamos, o, al menos, yo te necesito.
No son estos los colores de la noche sino los de la madrugada, más nítidos, más peligrosos.
Es un caos que calma. No es roca, ni sol, ni gato ni cereza, ni claridad azul.
Es negro. Negro de escondite. Negro.
Negro.

martes, 10 de julio de 2012

Soy sólo un espectro entre los remolinos del mar y las tibias rocas. Soy un ser inerte, fundido, escrutando siluetas, esperando caer al hueco y clavarme en la playa.
Anhelo al rayo, anhelo la no ciudad, mi vestido mojado anhela tu calor (Pero ese es otro tema.)
Estoy cansada y apática, tan cansada y apática que el mundo ha sucumbido a estos sentimientos y el miedo ya ni existe.
Intento amoldar mi espalda a la piedra, buscando otros riñones que me hagan compañía.
Ya no sé cuáles busco.
Hoy no sé ni a quién quiero.

Lo veo todo a través de una oscura luz, una voz me susurra, guía mis manos, me obliga a escribir, a silenciar su tintineo insinuante, a clamar su sed de sangre.
Sonríeme, sonríe. Cuando sonríes con esa tristeza infinita el mundo es más bonito. Ojalá te viese llorar en una súplica muda. Ojalá suplicases alguna vez. Sería aterrador, como estar sostenida en el aire sin saber cuándo se terminará la gravedad inversa de tu llanto. Tus manos temblando serían bellas, así como el agua desbordando el abismo de tu mirada tan indefensa y tan antigua.
Serías, si es que no eres ya, como el mar, sola, eterna, inabarcable, imposible de retener, caprichosa. La más dulce muerte.
Quieran los Dioses que la expectación no se vaya nunca de tu semblante, porque lo lúgubre de tu expresión te hace cristalina.
Te doy todos mis órganos, mi sangre,  mi aire, ambos pulmones, toda mi piel, mis rodantes pupilas y cada uno de mis labios.
Una vez los tengas todos abrazados en tu cama oscura, sostenidos entre tus pechos, con mi alma atrapada en tu ombligo, entonces, arde en el infierno y deja de castigarme.
Si no lo haces, al menos arde conmigo aquí en el suelo de baldosas frescas, arde conmigo una vez más. Prometo que será la última, promete que no te irás.


viernes, 6 de julio de 2012

Ernest Jandl


Descripción de un poema

con los labios cerrados
sin mover boca y garganta
acompañar cada inhalación y exhalación
con la frase
pensada despacio y sin voz
te quiero
de manera que cada entrada del aire por la nariz
coincida con esa frase
cada salida del aire por la nariz
y el tranquilo subir
y bajar del pecho



V de Margarita.


Hace sol, estás ahí, sentado, arrancando suavemente palabras a las cuerdas, creando suspiros de sol alrededor de mi atmósfera, dejándote en mi edredón. Me dan ganas de besarte solo para juntarnos las mentes pero te dejaré seguir. Te dejaré seguir con los ojos clavados en mí, te dejaré seguir moviendo el pie, te dejaré seguir ausente y fijándote en todo, absorbiendo al mundo por las pupilas y los acordes, te dejaré seguir con tu silueta curvilínea y la cascada de tus hombros inciertos.

Porque ya eres mía, pequeña V, ya eres mía, puedo sentirlo. Tu café, tus abrazos, tu postura, tus manos de inocencia imposible, la luz de la sala cuando estás en ella, los pájaros mirándote desde el cielo con envidia. Tu cuello, tu magnífico cuello. Ahora comprendo la fiebre de mi escritor, ahora comprendo la belleza, ahora…