"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

jueves, 28 de junio de 2012

V.


Sonrío sola mientras todos me observan a cubierto del cielo que se cae a pedazos y se queda en mi cuello.
El techo del vagón chasca, nadie mira las ventanas, se esconden y hablan de lo loco del tiempo. Se equivocan, el tiempo es lo único coherente y sincero, el tiempo grita y hiere los oídos, el tiempo nos despierta de esa ensoñación de sol y extrañeza. Todos huyen de La Playa cuando lo que deberían hacer es quedarse allí, atados a la arena, viendo el agua y los rayos, bajo el trueno y su música, en el último arañazo del invierno que gime y pelea.
Veo sus piernas en el autobús, mojadas de granizo, y su pelo en rizos de un color que nunca supe describir. Veo sus ojos de agua en la ventana, la suavidad susurrante de su piel y la salpicadura cobriza de las pecas en su cuello y hombros como si de un Pollock se tratase.
Sus pies apuntan hacia el cristal, voy subiendo desde el abismo de su ombligo hasta la punta de sus largos dedos que apoya en la silla.
Veo la perversión dulce de sus yemas acariciando las gotas.
Me distrae cuando se baja del autobús y su espalda pasa a dos centímetros de mi nariz. Su vestido ha rozado mi muñeca.
Ha salido el sol, son las 9 y no hay estrellas, sólo brechas en las nube y rayos de sol apuñalando el gris.
Te he visto, te he visto en otra como tantas veces, todas son tú, porque quiero verte siempre.

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