"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

jueves, 28 de junio de 2012

V.


Sonrío sola mientras todos me observan a cubierto del cielo que se cae a pedazos y se queda en mi cuello.
El techo del vagón chasca, nadie mira las ventanas, se esconden y hablan de lo loco del tiempo. Se equivocan, el tiempo es lo único coherente y sincero, el tiempo grita y hiere los oídos, el tiempo nos despierta de esa ensoñación de sol y extrañeza. Todos huyen de La Playa cuando lo que deberían hacer es quedarse allí, atados a la arena, viendo el agua y los rayos, bajo el trueno y su música, en el último arañazo del invierno que gime y pelea.
Veo sus piernas en el autobús, mojadas de granizo, y su pelo en rizos de un color que nunca supe describir. Veo sus ojos de agua en la ventana, la suavidad susurrante de su piel y la salpicadura cobriza de las pecas en su cuello y hombros como si de un Pollock se tratase.
Sus pies apuntan hacia el cristal, voy subiendo desde el abismo de su ombligo hasta la punta de sus largos dedos que apoya en la silla.
Veo la perversión dulce de sus yemas acariciando las gotas.
Me distrae cuando se baja del autobús y su espalda pasa a dos centímetros de mi nariz. Su vestido ha rozado mi muñeca.
Ha salido el sol, son las 9 y no hay estrellas, sólo brechas en las nube y rayos de sol apuñalando el gris.
Te he visto, te he visto en otra como tantas veces, todas son tú, porque quiero verte siempre.

viernes, 22 de junio de 2012

jueves, 21 de junio de 2012

No hay más cartas que escribirte, amor, no hay más cosas que inventar. Somos todo lo que hay en la sala, Somos La Sala, el aire, el viento, el duro suelo, la fría pintura, la nostalgia de las sillas vacías, las voces, la música de fondo (No tan fondo si callas)
Somos el rayo de sol que te cae en la cara, somos tus ojos cerrados y la eternidad de tus pestañas, y tus manos, y las suelas de tus zapatos.
Somos el mundo, el frío, el desnudo ojalá de las cosas.
Y por ser, no sé qué somos, la ternura, tu cuello, el jazz, la brisa, la ráfaga, el mundo.
Puede que incluso el papel y la tinta, la sangre y el cuchillo y tú y yo, mutuamente en la cama gris de la ciudad.
Existimos, respiramos y nos rozamos las almas.
Qué fácil sería si los libros fuesen besos y las conchas gloria.

martes, 19 de junio de 2012

Son tus ojos, dulces y opacos, y tu expresión ladeada, retándome, quieto, callado, espejo de mi misma encerrada en silencio mudo.
Son tus ojos, oscuros, sin indecisión alguna, sin cargas en los hombros, o con demasiadas, tantas como las mías.
Es tu risa, tus dientes afilados, tu lengua invisible. Los labios.
Es lo que callas, tus gestos, la respiración, el mar, la tristeza, quién sabe lo que es. Quién sabe quien eres.
Yo no.
Y eso me gusta.
Te abro mi mundo, me quito las cortinas, los guantes, la ropa, la piel.
Mírame y me verás completa, vacía, sin nada que ofrecer pero sin robarte nada tampoco.
"Eres, existes, me basta."
Pero existe a mi lado.
Y nunca me preguntes nada.

Dulce espera.

Yo, en medio del gentío, de los coches, de las niñas de hoy sí y mañana también, del ruido y del sol, del mar a mi espaldaa y el progreso envolvente.
Yo, sin oírles, sin escuchar nada más que Nietzsche inundando mis oídos.
Se escapan las palomas, se van lejos, como mis sandalias, como los muertos.
El estío y el hastío han tardado en llegar juntos, de la mano, hijos de cisnes.
Hay demasiada gente y pocas personas, demasiada agua y poca lluvia, demasiada luz y nada de lucidez.
Necesitamos noche, sombra, niebla, éxtasis y vírgenes.
Y conchas.

sábado, 16 de junio de 2012

domingo, 3 de junio de 2012

Ya no hay gatos en las ventanas, ¿Sabes?, y ya no servimos para amar, ni para llorar por ello.
No sé, nadie podría comprender lo incomprensible, de ahí su nombre, nuestro idioma se afana en decirnos lo que es posible e imposible, cierto o incierto, real o irreal, malditos fonemas, malditas lenguas, la tuya, la mía, las del gato desaparecido.
Parece que todos tengamos mil caras, una para cada segundo de la vida, que no es más que la ausencia de muerte, y la muerte existe siempre, en todas partes, como la sombra, como los ojos, como las teclas de los pianos, como las bandas sonoras.
Vete, o déjame quedarme, o no. Sigo pensando en mujeres rubias, ne hacerme pelirroja, en cambiarme el nombre, o en no ponerme ninguno.
Sólo Ananque sabe lo que necesito.
 La necesito a ella, a la propia necesidad.
Que (in)coherencia la mía.