"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

miércoles, 11 de abril de 2012

Margarita se ha ido, y su ropa cuelga tras la puerta del baño, resto de su belleza huida. Su sombra se ha caído en el suelo, llena de constelaciones. El reflejo de su pelo respira y huele a flores, a piedra vieja, a poemas, a desnudo, a piel morena y suave. Margarita es como un hada. No. Es diferente, es como el viento agitando las hojas, como llamar al fuego chispa, a la música susurro, al susurro, grito.

La deseo, mis manos la abrazan, mi boca la besa, muerdo sus labios de fresas. Está en mis sábanas, esparcidas en olas por el suelo, Margarita también es mar, está en las huellas húmedas del espejo, pues es como un aleph, está en las marcas de su lengua en mi estómago, y en el baile de las cortinas.

Margarita está en todas partes. Sin ropa, descalza, el pelo hasta la cintura, el ombligo perfecto, los pies de pluma y plata, los pechos de algodón y la tez de sal y seda.

Margarita susurra canciones dormidas en mi memoria, otras tierras, otras nieblas.

Sus caderas redondeadas como colinas, salpicadas del surgir y rugir de sus lunares.

Cierro los ojos y en los colores de mis párpado amanecen sus secretos, ocultos entre las piernas, y sus nalgas saludando al sol desde el sofá, donde persiste el hueco cálido de su figura.

Y me rodea, y la respiro, y soy parte del mundo danzante en reverencia. Estoy en éxtasis. Ella es el éxtasis.

No sé como lo hace, pero acaricia al agua, besa a sus propios labios, se viste de sí misma.

Margarita se ha ido y yo estoy solo.

Solo y perdido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario