"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Llueve

Las nubes plomizas comenzaron a tapar el cielo, se me quiebran los dedos,las falanges, como paja en verano. La farola se balancea de manera alarmante, amenazando con caer, los árboles gimen, las hojas vuelan y se enredan en tu pelo cobre salvaje que revolotea electrizado, ¿Porqué escribir sobre tí y no sobre él?, ¿Porqué no las hojas en su capucha, su rostro en mi estómago, sus manos en mi cintura, sus labios suaves?.

En torno a tu cuello marfil el rayo corta al cielo como tijeras rasgando tela, el viento se calma, huele a fuego, puedo sentir tu mano en mi piel febril.

En medio de la tormenta todo es muy apático, no es nuestro momento, es el mío y el tuyo.
Tan lejos.

¿Porqué tu mano y no su aliento haciendo cosquillas en mi pecho, o sus besos en la ducha, o su abrazarme y mirarme fijamente, su protegerme, su quererme?
¿Porqué no mi quererle?

Dioses, no soy quien a pensarte, a encontrarte y a quererte.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Despertó, el foco de luz sobre sus ojos le recordó las lámparas nubladas del madrugar de quirófano, y su olor a éter. La habitación era de color despojo humano, el suelo no era cómodo y le dolía la cabeza.
Se desentumeció los dedos, atados a la botella y apartó el peso muerto del brazo de Judith en su estómago.
La mañana era de domingo, sonaba la radio, atascada en los 70.
No era un buen día para despertarse, bebió las últimas gotas dulces y volvió a dormirse.
Para siempre.