"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

lunes, 22 de agosto de 2011

La sombra del pomo en el techo señalaba con gesto acusador a la maldita luna, pequeña, redonda y brillante que alumbraba la noche impidiéndola ser negra.


Algo no me dejaba dormir, era ese olor de un extraño en mis sábanas. Ella, a mi lado sonreía, sí, sonreía. Sonreía tanto que de no ser por las pequeñas y picudas orejas su felicidad habría dado un par de vueltas a la cabecita dorada.

Tenía los párpados de almohada cerrados.

Cogí la Glock que me susurraba y la cargué.

Apunté entre los ojos que bajo la piel eran azulados y puse el dedo en el gatillo.

Y no disparé, ni una, ni dos, ni siete veces.

No lo hice porque no me quería.

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