"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

viernes, 5 de agosto de 2011

Juan Hernández llevaba muerto seis días y nadie se había dado cuenta. Seguía allí, encadenado a la pared por siete balas de madera. No se lo podía creer, nadie le había echado de menos. Poco tardó en dejar de respirar, olvidado, arrancando la pared con las uñas con el afán de dejar un recuerdo para el próximo.

Se fue sin ruido alguno, con la resignación en las pupilas, cansado, el pobre de Juan, harto, como siempre, dejó de ser sin haber existido.

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