"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

miércoles, 15 de junio de 2011

Tres, treinta y tres, trescientos treinta y tres...

l canturrea algo en inglés.


-Won´t you sign up your name…

-We have to feel you´re acceptable…-le sigue ella bailando por el salón.

-Respectable

-Presentable

-A vegetable-gritan a dúo y echan a reir, la musiquilla sigue llenando de adjetivos el salón.

Ella está sentada con las piernas encima del regazo de él, llenas de pequeñas pecas y lunares oscuros. Su espalda se apoya en ti y se mueve arriba y abajo entre su respiración y el piar de sus labios cereza. Estira los brazos y los posa a cada lado de tu cara.

Ahora suena otra canción, el piano acompaña al violín de fondo, bajo ellos, el bajista, sosteniéndolos a todos con sus manos de metal. De solista, sin pelear, el saxo, con su sonido dorado y la voz, rota, pasada de época, manteniendo los susurros por encima de la demás música, todo en cambio, regular saltado, con esmaltes de ondas brillantes.

Cierras los ojos, los círculos de luces también bailan al compás de la voz cultivada con whiskey caro y suave, vieja, que se frena, verde, de un verde oscuro como de seda raspada.

-Let me bring back the old days.-murmuras rompiendo la armonía y destruyendo el viento que la música había creado sólo para ti y ellos, para los tres.

-Bacanal.-murmura él.

-¿Qué?-ríes.

-Eso es lo que dicen de nosotros.

Otra tarde vuestra, rara, antinatural, anormal, fuera de los límites, fuera de los carriles impuestos.

La radio vieja y normal deja paso a otra canción aburrida y normal, de un cantante perfectamente normal, con un contenido inusitadamente normal. Todo normal, y después, vosotros.

Un rayo de sol, tímido, traspasa las líneas del cristal. Acariciando la cara afeitada de Teo.

-Eh tú, rayo, nadie te ha dado permiso para besar a mi novio.

-Nuestro.

-Cierto, nuestro.

Estalláis en carcajadas mientras él cierra la cortina y se acerca cruzando las piernas a cada paso.

Ella se levanta, se rodean y te agarran de las manos, los tres, juntos, saltáis y gritáis al ritmo de una nueva canción.

Heroin os protege del universo un ratito más antes de tiraros en el sofá y llevar a cabo el gran pecado del mundo. Tres, treinta y tres, trescientos treinta y tres…

No hay comentarios:

Publicar un comentario