"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

martes, 12 de abril de 2011

Euforia nerviosa

1

-Angel…

-Ahora no, ahora no.-medio grita histérico inclinado sobre un folio vacío.

-Habla.

-Se ha ido.-rompe casi a llorar.-se ha ido sin avisarme, sin más, ha volado, mierda, joder, no sé que hacer.

-¿Qué ha pasado?, ¿Quién se ha ido?-jadeas a punto de llamar a la primera persona de su listín telefónico.

-La palabra, se ha esfumado, como el humo, no la encuentro, tengo el corazón frío, no hay nada donde deberían estar mis metáforas y mi ritmo.-te mira.-ni siquiera me sale algo malo, al menos podría odiarme y pegarme y gritarte a ti y beber hasta morirme. ¡NO PUEDE IRSE!

-Cálmate.

-¡NO!, no puedo calmarme porque el perro que guarda mi casa se ha vuelto cobarde y se ha ido a por un hueso más lleno, ¿Me entiendes?

-Sé cómo te sientes y…

-No lo sabes, claro que no lo sabes, no sabes lo que es retorcer mis dedos como figuras torturadas de espanto y esconderme de mí mismo en los espejos para no ver que mi.-golpe.-vida.-golpe.-se ha terminado.

-¿Porqué no vuelves a empezar?

-Era bueno, era perfecto, tenía chispa, iba a hacerme rico con esta historia, es sucia, es tosca y pincha y los cuchillos de mis uñas se han quedado sin afilar y las cuerdas de mi voz ya no atan a nadie y hacen nudos como de ese caramelo horrible y asqueroso que mi madre ponía en el café y ya no puedo seguir viendo esa luz tan vasta que se burla de mí y me dice sin necesidad de sonido que he perdido. Que a dos putos capítulos me he perdido, yo solo.

Sonríes.

-No tiene gracia, lárgate, cómprate otro de esos macro cafés de comercio verde y llénalo de azúcar, coge un periódico o haz una obra de caridad por alguien que no lo necesita, desaparece con tu mirada vacía y tu sonrisa de anuncio de pasta dentífrica. No te quiero y no quiero que sigas aquí, restregándome tu integridad cada día. ¡Nadie quiere follarse a una santa, las santas aburren!

-¡Bien!

-¡Pues vale!

-¡Pues me alegro!

-¡Pues yo más! Porque hora ya me puedo follar tranquilamente a quien me de la gana sin pensar en ti.

-¡Genial!, ¡porque yo también pienso hacer eso!

-¡¿Y eso no va en contra de tus principios?!

-Una mierda, esos son mis principios imbécil, los cambié por ti.

-Pues que gilipollez.

-Ya ves. Que te diviertas solo, no creo que NADIE te soporte.

-¡No quiero ser tu obra de caridad del año!

-¡Te quiero!-se calla acusando el golpe.

-¡Yo también te quiero!

-¡Pues demuéstralo!

Ángel te agarra la barbilla y tira de tu camiseta y tú de la suya, con ira, con torpeza y con decisión. Las manos se debaten entre pegar, arañar y acariciar, dejando rastros y marcas por los pechos y espaldas. Besar, embestir, gruñir, jadear, todo en equilibrio entre el odio, la venganza y el dolor, todo mezclado y condensado en un amor violento y autodestructivo.

El abismo da tanto miedo que las ropas se esconden y camuflan en el suelo o bajo el sofá, y los ojos se cierran para no mirarse airados, y las voces que gimen para no escuchar el temido silencio y los brazos que abrazan para no tener que pedir disculpas. Y los cuerpos que son cuerpo, y los dientes que rasgan y las líneas que se hacen franjas y fronteras.

Siempre en la frontera decadente, entre la desazón y el hastío y la euforia nerviosa.

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