"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Y fue feliz

La había observado siempre a través de la ventana, del sucio cristal, escondido, desde siempre, observándola.


Habían crecido juntos, le había dolido verla con un chico, tumbados en la cama, le encantaba escucharla cantar, ver su cara de concentración en época de exámenes, especular sobre qué estudiaría, mirar sus pósters y sus cuadros.

Para Lucas ella era perfecta, lo suyo era un amor completamente metafísico, a veces incluso se rendía y pensaba en ella en las noches de placer solitario.

Cuando tocaba el violín, todo era triste si ella no estaba en la ventana.

Cuando se iba a dormir buscaba el nombre perfecto para ella, porque una chica tan hermosa debía tener un nombre perfecto, era de sentido común, casí tan lógico como la necesidad de hilo para la aguja y a su vez la aguja para el coser.

Clara, tenía que llamarse Clara, todo en ella era níveo, el pelo rubio plata, los ojos que parecían ser grises, la piel con pecas.

También el peluche de su cama debía tener nombre, quizás Judas, era algo que ella podría ponerle.

Y así se dormía Lucas, así pasaron los años hasta que un día la chica empaquetó sus cosas y se fue.

Ese fue un día terrible, dramático, se sentó, vacío en el borde de la ventana durante unos segundos y después volvió a la cama.

La encontraría, sí, seguro que ella volvería a por él, pensó llorando mientras respiraba gas. “La encontraré”, se repitió.

Y en el instante de cerrar los ojos casi pudo verse pintado en el cuadro del Bosco, ella y él en el paraíso verde éxtasis pintado.

Y fue feliz.

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