"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

sábado, 26 de febrero de 2011

Parménides, te quiero

Todo está, es decir, la transformación no es más que una ilusión de nuestros sentidos. Nada comienza, nada se torna y nada acaba. El ser es la única realidad. Y es inmóvil, porque para permitir que este se desplace de donde está, a donde no está, habría que admitir la existencia de un espacio vacío que, no siendo, no puede existir, por cuanto el ser, por definición, lo llena todo por sí mismo. Lo que se identifica tambien con el pensamiento, por cuanto no se puede pensar más de lo que se es e, inversamente, no se puede ser más, que lo que se piensa.
Una flecha que vuela, está, en realidad quieta en el aire, porque a cada instante de su aparente carrera ocupa un punto quieto en el espacio.
El corredor más veloz no puede adelantar a la tortuga porque cada vez que ha alcanzado su posicion esta la ha rebasado ya. De hecho, un cuerpo, para moverse del punto A al B, ha de alcanzar la mitad de ese trayecto que es el punto C, para alcanzar el punto C ha de alcanzar la mitad de éste, osease, D, y así, sucesivamente hasta el infinito.
Dado que el infinito requiere una serie infinita de movimientos, es imposible recorrerlo en un tiempo definido.

Yo ahí lo dejo.

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