"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

lunes, 10 de enero de 2011

-Te amo.-dijo él extasiado.


En ese instante Violeta le odió, le odió como nunca había odiado a nadie, no tenía ningún derecho a decirle eso, a atarla de esa manera.

El odió la consumió y brilló en sus ojos verdes oscuros con fuerza como un bosque ardiendo, como el bambú rompiendo ante el vendaval, como la hierba incendiando la pipa o bailando bajo un huracán en la pradera.

Violeta le odió, le odió porque ya nunca sería capaz de verle igual, porque la había atrapado, como hacía siempre.

Su estupidez, sin permiso de su consciencia la hizo atrevida u escribió con un dedo, gélido como la muerte, en su espalda:

“Yo también”

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