"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

domingo, 23 de enero de 2011

"El hombre del banco siempre lleva una camisa azul"

Como cada domingo, Doris cenó sola. Apiló los platos en el fregadero como cada domingo de su vida, dobló pulcramente el trapo de cocina y cerró todas las ventanas.


Su padre llegó de madrugada. Doris no rezó a nadie, nadie podía ayudarla, solo esperó que él no fuese a por ella esa noche.

Cuando el hombre se hubo dormido posó los pequeños pies descalzos sobre el suelo frío de su habitación estándar y, con el cuidado con que un filatélico pega un nuevo sello en su álbum de colección, caminó hasta la puerta de atrás, separó la mosquitera y salió al frío de las horas tempranas.

Yan ya la esperaba en el banco azul de madera vieja del porche. Con un ligero balanceo la miró.

La chica se vio reflejada en las gafas de pasta del hombre. Mejillas hundidas, piel pálida por la falta de sol o de vitaminas, igual daba, ojos grandes y brillantes de lágrimas, fríos de decepción y pupilas pequeñas de miedo. Ojeras púrpuras y suaves como de maquillaje delicado. Boca de esas que no saben sonreir, de esas que están ahí porque tiene que haber de todo en una cara. El pelo corto, rojo que había ido palideciendo hasta estar ahora apagado y cenizo, los rizos largos se habían convertido en pequeñas ondas.

No quiso mirar más.

-Ya ha salido Venus.-dijo el chico de ojos oscuros.

Ella se sentó a su lado, sin tocarle, no soportaba tocar a nadie, y se abrazó las piernas.

-¿Te ha tocado esta noche?-dice con furia pasiva en las mejillas.

Doris niega y una lágrima de tosco cuarzo cae por el pómulo marchito.

“No llores idiota, eso es de débiles, Él te pegará si lo haces” se increpa la niña.

-¿Quieres que te cuente una historia hoy pequeña?

Ella asiente, le gusta que la llame pequeña.

Pasan diez minutos, los diez minutos de su vida y Doris regresa, con el mismo cuidado de antes, a su cama. Aún tiene veinte minutos antes de tener que levantarse y trabajar.

Doris, como cada lunes recuerda a la fuerza la historia del hombre y sueña que es una princesa a la que algún día rescatarán del dragón.

“El hombre del banco siempre lleva una camisa azul” piensa la niña antes de levantarse y repetir lo mismo día tras día, venus tras venus.

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