"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

domingo, 23 de enero de 2011

Brillante

«Caía sobre los alrededores un crepúsculo tan brillante como si lo hubiesen pintado. Un azul que parecía que, si respirabas hondo, los pulmones fueran a quedarse teñidos del mismo color.»


«Me encontraba en aquella pequeña isla desayunando con una hermosa mujer mayor que yo que acababa de conocer el día antes. Aquella mujer amaba a Sumire. Pero no podía sentir por ella deseo sexual. Sumire amaba a aquella mujer y, además, la deseaba. Yo amaba a Sumire y la deseaba. Sumire me quería, pero no me amaba ni me deseaba. Yo podía sentir deseo por otras mujeres sin nombre, pero no las amaba. Era todo muy complicado. Y Sumire había abandonado sola la sala.»

«La comprensión no es más que un conjunto de equívocos.

Esta (y que quede entre nosotros) es mi simple manera de conocer el mundo.

En nuestro mundo, “lo que sabemos” y “lo que no sabemos” coexisten en una nebulosa, fatalmente unidos, como hermanos siameses. Caos, caos.

¿Quién diablos puede distinguir el mar de lo que en él se refleja?, ¿Puedes tú distinguir entre la lluvia que cae o la soledad?

Asi pues, renuncio con gallardía a separar el conocimiento del desconocimiento. Éste es mi punto de partida. Un terrible punto de partida, tal vez. Pero las personas necesitan partir de algún punto. ¿No es así? En consecuencia, tema y estilo, sujeto y objeto, causa y consecuencia, yo y las articulaciones de mis manos, todo se toma como una unidad invisible.

Todo el polvo esparcido por el suelo de la cocina es una sola cosa, una mezcla de sal y pimienta y harina y fécula de patata.»



HARUKI MURAKAMI, sencillamente brillante.

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