"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

martes, 11 de enero de 2011

3.

“Y te crié hasta hacerte como eres, Aquiles, parecido a los dioses…”


Homero, Ilíada.

Ella está en el salón, es tal como tu padre dijo, peligrosa, bella, letal, te pareces bastante a ella.

-Niña, acércate-dice su voz, tan hermosa que duele y retumba en tus oídos con un deje cruel.

Algio, una mano en tu espalda, te da un toque ligero y das un paso por pura inercia.

-Eres mía Joe, tu padre no fue capaz de protegerte bien, yo gano, él pierde. Armonía, así te dí nombre, necio tu padre que tras mi engaño huyó del Olimpo, ingenuo Hefesto.

Está loca, piensas, está loca, pero algo en ti te dice que es real, que su pelo dorado brillante como nunca has visto, sus ojos azules que cambian como las olas en el poniente con las luces mediterráneas, su piel blanca de pómulos orgullosos y rosados cereza, sus labios entre carmín y coral, susurrantes y ese aura que emana de su voz, su postura y sus manos es real.

-Gracias a los dioses que no te pareces a él como tus hermanos.

-¿Hermanos?-murmuras sin querer.

-Muertos.-susurra Algio.

-No me interrumpas niña.-salta ella al tiempo.-bienvenida a casa, Armonía, donde siempre debiste estar.-y con un ademán de sus elegantes dedos te hace salir de la habitación.

Algio te lleva a otra sala, de tapizado rojo oscuro y paneles de madera vieja.

-Bienvenida al mayor museo del mundo.-susurra en tu oído mientras señala un pedazo de madera más antigua.-El arca.-te dice y lleva tus ojos a un cuadro.- Le pastorale de Matisse.-abre una pequeña puerta y ante tus ojos miles de libros.- La biblioteca de…

-Alejandría.-murmuras.

-Exacto. Y hay mucho más, La madonna y el grito de Munch, tratados de Homero, Platón, escritos de Nerón y almanaques de Caldas, maravillas de la antigüedad, todo lo que creéis desaparecido está aquí.

-¿Quién se supone que eres tú Algio?-su vista se ensombrece y sonríe cínicamente.

-Tutor de Aquiles, amante de todos, cuya visión fue quebrada para después encontrar la luz y los colores, maldito por un rey.

Piensas en tus estudios, está claro que es un dios menor, Aquiles, reyes, el que dejo de ver y luego vió, cierras los ojos y sonries.

-Eres Fénix, Fénix, el Dios de la luz, el hijo del rey Amintor.

-Bingo.- sonrie y una flor de luz sale de sus dedos para colocarse en tu pecho.-el premio de la señorita, y ahora, busquémoste una habitación, ¿Quieres?

-No tengo elección, ¿Verdad?

-Lo siento, lo siento de veras.-te tiende la mano y la aceptas, te has acostumbrado a su extraña calidez, un pinchazo te recuerda a Dan y te niegas a pensar en él, es el pasado, ellos son tu futuro.-Una habitación para la diosa de la concordia.-dice y abre la puerta con ademan majestuoso enviando una bola de luz a la lámpara de cristal.

Las paredes son de color noche con un extraño brillo dorado suave, hay una cama y encima, encima tu cuadro favorito, la respiración se te pausa al verlo.

-Le moulin de la galette.-susurra.

-Renoir.-completas la frase.-¿Cómo?, ¿Cómo sabías qué…?

-Tuve ayuda de un amigo.

-Zeus.

Niega y ríe.

-Apolo.-ries.-Delfos.

-Se te da bien adivinar, eres hija de tu madre, sin duda.

-¿Ahora no tengo premio?.-bromeas.

Algio apaga las luces y tu respiración se agita, el espejo se ilumina y él aparece, y duele, mucho. Algio te coge la mano.

-Puedo traerle.

-A riesgo de qué.

-De matarle, de hacerle inmortal…

-De destruir su vida, su futuro, su familia.

-Parecido.

-No, él estará bien, ¿En este sitio no hay cerveza?

Fénix se rie y te abraza balanceándote del cuello.

-Te acostumbrarás cielo, mi querida y pequeña fusa, te gustará esto.

Ries por el mote musical y te giras cuando la puerta se abre.

-¿Una nueva amiga Fénix?-dice una voz cálida y susurrante y un chispazo recorre tu espina dorsal.

-Hola Dion, Armonía, él es Dionisio, es…

-El extranjero.-murmuras.

-Dios libertador, del teatro…y del éxtasis.-susurra en tu oído.-Un placer hija de la nacida entre la espuma.-al retirarse su aliento surca tu mejilla como una caricia con olor a fresa y a vino y desaparece dejando la estancia cargada de tensión con un deje extraño y salvaje que te atonta como un perfume fuerte.

-Respira hondo y parpadea.-te pide Algio.

-Vale, eso ha sido, eso ha sido, vaya.

-Suele pasar, el día que le junten con eros o contigo será una catástrofe para la natalidad del país.

-Si ya, claro, conmigo.-gruñes o ronroneas, aún sopla un aura de excitación en la habitación.-¿Este sitio tiene cerrojo?, no quiero que ningún dios más se presente por hoy.

-No es útil.-ríe.-pero si tú te sientes mejor me quedaré a vigilar.-dice sentándose en el sofá.

-Algio, la cama es grande, suficiente para dos.

Niega.

-El aire, ¿recuerdas?, no se como terminaría todo esto.-habilmente se ha alejado lo suficiente para que no sientas arder su piel con la tuya.

-Oh, si, bien, vale.

-He dormido en sitios peores Armonía, descansa, lo necesitarás.-acto seguido se tira en el sofá de forma caótica y baja la luz para que te desvistas, te metes entre las sábanas de color burdeos y cierras los ojos.

Tu respiración tarda en volver a su ritmo habitual y requieres de toda tu concentración para no ir hasta el sofá con él, con el dios Fénix, te imaginas que Dan es el cojín a tu espalda y lo abrazas para distraerte hasta que te quedas dormida.

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