"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

lunes, 24 de enero de 2011

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Te miro y sonríes, y por tu espalda cae, en rizos inconexos tu preciosa felicidad.


En tu aura, como gotas, saltan y juegan el deseo de mis ojos, de mis manos, de mis sueños.

En tus ojos rien y lloran las tragedias del mundo, y los teatros de la Grecia te aplauden en tu interpretación ambiciosa.

Los dioses te dieron vida, mujer, ninfa y musa te dotaron de placeres y gracias que volverían loco a cualquier hombre capaz de amar.

Y en ti caí y jamás levanté el vuelo, en ti caí , en tus caprichos inocentes, en la guerra continua, en el equilibrio incierto de tu pecho y la danza extraña de tus caderas.

En tus manos sobre mi piel, en círculos y ondas, en la curva de tu espalda, en tus pies, en tus labios y en tus genios.

Y morí y me mataste, y conmigo todo deseo humano, esperanza y motivo se desvaneció.

Te miro y sonríes, pérfida, sin saber que disparas y luego otros preguntan por ti, sin saber que soy involuntario poeta y tú cada verso, envenenando la tinta que es mi sangre y el papel que son tus gestos.

Y aunque corra, tú regresas, siempre, y yo no ansío más que la vida contigo, y vuelvo a morir en mis desgracias, y las persigo.

Yo me lo he buscado y te quiero, y el amor es algo horrible, brutal y sediento, y siempre pierdo, como si de un bar se tratase, y bebo de mi mismo una vez tras otra.

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