"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

viernes, 28 de enero de 2011

1, 2, 3, 4 de Febrero

Ya ves cielo, odio las fiestas, las odio, no me gusta celebrar cosas que el mundo no debería ni recordar, ¿Quien es cada uno para decir que el día que nació fue importante?
Para mí no fue nada, yo no hice nada, no decidi, no me elegí a mi misma, odio tener que soportarme, sí, será una estupidez para cualquiera que lo escuche, pero no veo que cumplir años sea importante.
Un año mas vivido, sí, ya, pero un año menos por vivir, dias que no se repetirán jamás, "otros vendrán mejores" sí, puede. Pero soy tan cabezota que respondería "prefiero lo malo conocido que lo bueno por conocer".
Odio crecer, tengo complejo de Peter Pan, quiero poder correr detrá de los pájaros, aporrear una pandereta en navidad y mancharme la cara de chocolate, quiero que sean sinceros conmigo,nada de juegos de influecias, ¡No vivimos en una corte!. Todos odiais a lo políticos y mentis casi más que ellos.
Quiero tumbarme en la hierba, que nadie se ría cuando cuente las estrellas o me frustre por no saber atarme los zapatos. Quiero poder cantar a voz en grito sin que la gente se me quede mirando, quiero que no me exijan.
Soy una niña, y lo seguiré siendo, no puedo vivir de otra manera, ni sé, ni me interesa aprender.
No quiero sorpresas, ni fiestas, sólo es un día más.
Si hubieseis sabido que tendríais que soportarme seguro que no os reiríais tanto.
Quizás un día, con 105 años os persiga por los pasillos blancos de mi cabaña alejada del mundo y creédme, para entonces ya os habreis hartado de mí. ;)

lunes, 24 de enero de 2011

5

He de añadir a este texto que sí, yo tambien odio los sacrilegios con personajes y demás, pero la enfermedad es aburrida y el Ibuprofeno abre vias de la imaginación insospechadas.


Sev sonríe al verla pasar, siempre tan segura y tan pequeña, con el pelo ondulado cobrizo recogido y mechones desordenados entre las orejas y el mentón encuadrando el rostro puntiagudo y sereno.


La mirada miel de ella chispea invisiblemente al verle y sonríe.

-Granger.

-Sev, ¿Cuándo dejarás de llamarme por mi apellido?-ríe ella para ocultar la ligera irritación que eso le produce.

-Es una mala costumbre.-titubea él cuando la chica se acerca y le abraza.

-¿Sabes que sería genial?-pregunta su voz cristal que al hombre de ojos negros le parece tan brillante.

-¿Mmm?-la invita a continuar mientras acaricia su pelo sobre la nuca, sin poder ni querer evitarlo, roza también la piel del níveo cuello bajo el pendiente derecho. La joven directora inclina la cabeza hacia ese lado.

-Hacerles marchar a todos y pasar la navidad contigo.

-Navidad.-protesta él adrede.-Deberías ir con tus padres.

-No voy a dejarte solo.-ataca.

-He vivido veinte años de mi vida solo, por una navidad más no pasará nada.

-¿Y sí…?-se ríe y pasa sus brazos alrededor del cuello del brujo, sus pequeñas manos se enlazan en los lacios cabellos negros y le mira, acercándose como hace siempre que sabe que conseguirá algo. Él puede oler su perfume, siempre huele a fuego, como el fénix y a tinta, a libros viejos y a flores del profundo bosque.

-¿Y sí…?-Insiste el hombre de nariz aguileña cruzando los dedos de su mano derecha, que descansa en la cintura baja de la chica, y deseando que no vaya a decir justo lo que cree que va a decir.

-¿Y si pasamos la navidad aquí?, tú.-le besa.-yo.-le besa de nuevo.-y mis padres.-gime para convencerle.

Él esconde el miedo de las pupilas negras bajo los párpados cerúleos y se esfuerza en no negarse, en no hacerla daño, sonríe rendido y abre los ojos de nuevo, sabe que se arrepentirá de lo que va a decir, pero ella es siempre tan convincente…

-¿Sabrán llegar?

Los ojos de su antigua alumna, salvadora del mundo, genio en todos y cada uno de los sentidos de la palabra y brillante maga dejan paso a la felicidad de una niña, y son los únicos ojos en el mundo que pueden hacerle cometer tantas tonterías, Sev la abraza mientras ella salta de emoción.

-¿Les caeré bien, Granger?

-Idiota, pues claro que sí.

Y en ese momento, él se da cuenta realmente de lo que va a hacer, y por primera vez en toda su vida, no le importa mostrarse, no le importa quererla y que la gente lo sepa, ya son mayorcitos, ya ha pasado todo, el mundo está en orden, Potter vive su vida lejos, no tiene que proteger a nadie, ni trabajar para nadie, sólo está ella.

Y por primera vez en veinte años, se permite la debilidad y la dependencia, su vida depende de ella, Hermione, de ojos marrones y cabello castaño, de cuerpo pequeño y nariz puntiaguda, de la directora, de una persona viva.

-¿Qué les dirás a los demás?

-Que tengo responsabilidades como directora para con mi profesorado.

Los dos ríen tranquilos.

-Les echarás de menos.

-¿A un par de casados con hijos pequeños y un montón de anécdotas de tiempos oscuros?, prefiero el reto de presentarte a mis padres.

-¿Reto?

-Claro, tendré que explicarles que estoy enamorada de un hombre dieciséis años mayor que yo, que siempre viste de negro, y que se dedica a mezclar ingredientes en un caldero de hojalata. Tambien tendré que decirles que me salvaste la vida numerosas ocasiones, que fuiste espía doble, confidente de las personas más influyentes de mi mundo y sin embargo siempre tan invisible, tan solitario. Tendré que hacerles entender que gracias a ti, he llegado a esto, y que te quiero.

-Siempre he odiado a los alumnos pelotas.

-Pues en tus tiempos siempre apoyaste más a Draco.-bromea ella.

-Sabes que no.-la abraza.

-Te quiero Sev.

-Te quiero Hermione.

Ella sonríe como un duendecillo y se separa. Los dos vuelven al trabajo.

Él nervioso por lo que pueda pasar en las fiestas.

Ella, feliz, feliz, feliz.

4

Ella se acerca a ti con su ligero pijama de seda verde. Sus pupilas brillan ausentes, reflejan la luna blanca en el centro derecha azul del iris. Alza la mirada en medio del estrecho pasillo del pequeño apartamento y un mechón del pelo rojizo se libera del pasador que encierra sus ondas en una cárcel brillante. En sus manos una pequeña libreta rosa fuerte llena de papeles sueltos, jamás te ha dejado tocarla.


Abre un poco más los ojos y respira como si tratase de convencerse a si misma de algo, después sonríe y recorre el trecho restante con pasos cortos y torpes.

-Lucy, son las tres de la mañana, cielo.

-Lee.

-Es muy tarde, deberías dormir.-pasas un brazo alrededor de sus hombros y ella alza la barbilla clavando sus pies en el suelo, es esa mirada, esa que pone cuando no va a ceder por nada del mundo, esa que tú mismo le has obligado a poner tantas veces. Maldices mentalmente.

-¿Y si primero dormimos y mañana leemos, mm?-pruebas inútilmente.

Ella te tira de la mano y sonríe ante la fácil victoria, da un saltito al llegar a la cama y se mete entre tus sábanas, nadie más ha estado ahí, es decir, han pasado tantas y tantos que ella, no, ella es especial, no puedes haceros eso. Te relajas y das la luz anaranjada de un lado. Ella te tiende la libreta y la cojes con una reverencia inusual.

-Página seis.-te indica.

Te sumerges en las descripciones y la historia te envuelve rápido y algo te dice que es suyo, completamente suyo y maldices otra vez porque siempre dice todo de esa jodida manera y te confunde, no, claro que no te confunde, eso es una excusa para decir que te da miedo que Ella sea la única que te conozca.

Terminas y ella se ha quedado dormida, en tu almohada, no la tocas, no podrías hacerlo, la envuelves en la manta azul del armario y te vas al sofá, donde lloras amargamente.

La misma luna te contempla y encima del tejado, dos gatos discuten mientras se enroscan la cola.

2

Te miro y sonríes, y por tu espalda cae, en rizos inconexos tu preciosa felicidad.


En tu aura, como gotas, saltan y juegan el deseo de mis ojos, de mis manos, de mis sueños.

En tus ojos rien y lloran las tragedias del mundo, y los teatros de la Grecia te aplauden en tu interpretación ambiciosa.

Los dioses te dieron vida, mujer, ninfa y musa te dotaron de placeres y gracias que volverían loco a cualquier hombre capaz de amar.

Y en ti caí y jamás levanté el vuelo, en ti caí , en tus caprichos inocentes, en la guerra continua, en el equilibrio incierto de tu pecho y la danza extraña de tus caderas.

En tus manos sobre mi piel, en círculos y ondas, en la curva de tu espalda, en tus pies, en tus labios y en tus genios.

Y morí y me mataste, y conmigo todo deseo humano, esperanza y motivo se desvaneció.

Te miro y sonríes, pérfida, sin saber que disparas y luego otros preguntan por ti, sin saber que soy involuntario poeta y tú cada verso, envenenando la tinta que es mi sangre y el papel que son tus gestos.

Y aunque corra, tú regresas, siempre, y yo no ansío más que la vida contigo, y vuelvo a morir en mis desgracias, y las persigo.

Yo me lo he buscado y te quiero, y el amor es algo horrible, brutal y sediento, y siempre pierdo, como si de un bar se tratase, y bebo de mi mismo una vez tras otra.

2

Sé que serás perfecta, preciosa, sé que tus ojos mirarán mejor que cualquier otro, que tu sonrisa brillará más que cualquiera, que tu voz será la que diga las mejores mentiras, lo sé.


Lo sé y quiero oírlas, oír tus mentiras, sí, que me duelan tus engaños y llorar por ti, porque me apetece, así sin más.

Me apetece quererte, me apetece sentirme nervioso a tu lado, me apetece comerte y que me comas, tengo ganas de tus labios, de tus besos, de tus manos, de tus palabras, de tus piernas, de tus gritos y tus respiraciones.

Eres mi capricho de hoy y mi vida de mañana y me destruirás y terminaré todo, extasiado y corrompido por tu cuerpo, terminaré odiando a las mujeres rubias con ojos y uñas fuxias y no me importa, créeme, no me importa, te lo juro, moriré como Santa Teresa, moriré por no estar muerto cuando te vayas y me dejes.

Porque me dejarás, ¿Verdad?, y no viviré contigo no tampoco con tu ausencia. Y no sé si eres, si estás o si pareces, si vas o vienes y no me importa.

Y así, con estos versos, sálvame, sálvanos y deshazte en un charco que se mezcle con mis lágrimas y haz de mi sangre la tuya pues ya no quiero ver el mundo si me ciegas ni tampoco si me dejas a oscuras.

1

Caras de sueño y miradas obtusas. Muchos parecen dormir en vida y morir al escuchar las explicaciones numéricas de hoy. Es pronto, tan pronto que parece no haber nadie despierto más que la clase y el sonido de algún coche que no ayuda. ¿Ha amanecido?, no, aún no.


Algunos escriben, estás seguro que no lo que deberían, ni siquiera escuchas.

Una chica con botas blancas parece no comprender y mira sin ver realmente nada, algunos sonríen ante los intentos del profesor por despertarles.

Una vocecilla aguda, de esas que se clavan en los tímpanos y que pertenece a una bajita rubia de última fila pregunta por enésima vez la misma duda, la clase no avanza a la par que el tiempo, y este tampoco se da mucha prisa.

Alguien adivina por pura suerte una tasa de variación media, el hombre de gafas compara las apasionantes funciones con la bolsa de valores y pide la siguiente página.

“Vamos a dar hoy todo el tema” murmura protestando tu compañero.

Fascinante, piensas una última vez. Intentas centrarte dejando a tu dueño, el papel, en compañía de un Bic solitario.

domingo, 23 de enero de 2011

"El hombre del banco siempre lleva una camisa azul"

Como cada domingo, Doris cenó sola. Apiló los platos en el fregadero como cada domingo de su vida, dobló pulcramente el trapo de cocina y cerró todas las ventanas.


Su padre llegó de madrugada. Doris no rezó a nadie, nadie podía ayudarla, solo esperó que él no fuese a por ella esa noche.

Cuando el hombre se hubo dormido posó los pequeños pies descalzos sobre el suelo frío de su habitación estándar y, con el cuidado con que un filatélico pega un nuevo sello en su álbum de colección, caminó hasta la puerta de atrás, separó la mosquitera y salió al frío de las horas tempranas.

Yan ya la esperaba en el banco azul de madera vieja del porche. Con un ligero balanceo la miró.

La chica se vio reflejada en las gafas de pasta del hombre. Mejillas hundidas, piel pálida por la falta de sol o de vitaminas, igual daba, ojos grandes y brillantes de lágrimas, fríos de decepción y pupilas pequeñas de miedo. Ojeras púrpuras y suaves como de maquillaje delicado. Boca de esas que no saben sonreir, de esas que están ahí porque tiene que haber de todo en una cara. El pelo corto, rojo que había ido palideciendo hasta estar ahora apagado y cenizo, los rizos largos se habían convertido en pequeñas ondas.

No quiso mirar más.

-Ya ha salido Venus.-dijo el chico de ojos oscuros.

Ella se sentó a su lado, sin tocarle, no soportaba tocar a nadie, y se abrazó las piernas.

-¿Te ha tocado esta noche?-dice con furia pasiva en las mejillas.

Doris niega y una lágrima de tosco cuarzo cae por el pómulo marchito.

“No llores idiota, eso es de débiles, Él te pegará si lo haces” se increpa la niña.

-¿Quieres que te cuente una historia hoy pequeña?

Ella asiente, le gusta que la llame pequeña.

Pasan diez minutos, los diez minutos de su vida y Doris regresa, con el mismo cuidado de antes, a su cama. Aún tiene veinte minutos antes de tener que levantarse y trabajar.

Doris, como cada lunes recuerda a la fuerza la historia del hombre y sueña que es una princesa a la que algún día rescatarán del dragón.

“El hombre del banco siempre lleva una camisa azul” piensa la niña antes de levantarse y repetir lo mismo día tras día, venus tras venus.

Brillante

«Caía sobre los alrededores un crepúsculo tan brillante como si lo hubiesen pintado. Un azul que parecía que, si respirabas hondo, los pulmones fueran a quedarse teñidos del mismo color.»


«Me encontraba en aquella pequeña isla desayunando con una hermosa mujer mayor que yo que acababa de conocer el día antes. Aquella mujer amaba a Sumire. Pero no podía sentir por ella deseo sexual. Sumire amaba a aquella mujer y, además, la deseaba. Yo amaba a Sumire y la deseaba. Sumire me quería, pero no me amaba ni me deseaba. Yo podía sentir deseo por otras mujeres sin nombre, pero no las amaba. Era todo muy complicado. Y Sumire había abandonado sola la sala.»

«La comprensión no es más que un conjunto de equívocos.

Esta (y que quede entre nosotros) es mi simple manera de conocer el mundo.

En nuestro mundo, “lo que sabemos” y “lo que no sabemos” coexisten en una nebulosa, fatalmente unidos, como hermanos siameses. Caos, caos.

¿Quién diablos puede distinguir el mar de lo que en él se refleja?, ¿Puedes tú distinguir entre la lluvia que cae o la soledad?

Asi pues, renuncio con gallardía a separar el conocimiento del desconocimiento. Éste es mi punto de partida. Un terrible punto de partida, tal vez. Pero las personas necesitan partir de algún punto. ¿No es así? En consecuencia, tema y estilo, sujeto y objeto, causa y consecuencia, yo y las articulaciones de mis manos, todo se toma como una unidad invisible.

Todo el polvo esparcido por el suelo de la cocina es una sola cosa, una mezcla de sal y pimienta y harina y fécula de patata.»



HARUKI MURAKAMI, sencillamente brillante.

domingo, 16 de enero de 2011

Y allí, puedo decir, que estuve yo

Y al fin, un día, llegaron todas las cosas buenas.





















Puede que sea mi única forma de hablar sin texto cuando ni yo se describir lo que es estar ahí, en el lugar y el momento adecuado, sobre todo con la gente adecuada.

martes, 11 de enero de 2011

3.

“Y te crié hasta hacerte como eres, Aquiles, parecido a los dioses…”


Homero, Ilíada.

Ella está en el salón, es tal como tu padre dijo, peligrosa, bella, letal, te pareces bastante a ella.

-Niña, acércate-dice su voz, tan hermosa que duele y retumba en tus oídos con un deje cruel.

Algio, una mano en tu espalda, te da un toque ligero y das un paso por pura inercia.

-Eres mía Joe, tu padre no fue capaz de protegerte bien, yo gano, él pierde. Armonía, así te dí nombre, necio tu padre que tras mi engaño huyó del Olimpo, ingenuo Hefesto.

Está loca, piensas, está loca, pero algo en ti te dice que es real, que su pelo dorado brillante como nunca has visto, sus ojos azules que cambian como las olas en el poniente con las luces mediterráneas, su piel blanca de pómulos orgullosos y rosados cereza, sus labios entre carmín y coral, susurrantes y ese aura que emana de su voz, su postura y sus manos es real.

-Gracias a los dioses que no te pareces a él como tus hermanos.

-¿Hermanos?-murmuras sin querer.

-Muertos.-susurra Algio.

-No me interrumpas niña.-salta ella al tiempo.-bienvenida a casa, Armonía, donde siempre debiste estar.-y con un ademán de sus elegantes dedos te hace salir de la habitación.

Algio te lleva a otra sala, de tapizado rojo oscuro y paneles de madera vieja.

-Bienvenida al mayor museo del mundo.-susurra en tu oído mientras señala un pedazo de madera más antigua.-El arca.-te dice y lleva tus ojos a un cuadro.- Le pastorale de Matisse.-abre una pequeña puerta y ante tus ojos miles de libros.- La biblioteca de…

-Alejandría.-murmuras.

-Exacto. Y hay mucho más, La madonna y el grito de Munch, tratados de Homero, Platón, escritos de Nerón y almanaques de Caldas, maravillas de la antigüedad, todo lo que creéis desaparecido está aquí.

-¿Quién se supone que eres tú Algio?-su vista se ensombrece y sonríe cínicamente.

-Tutor de Aquiles, amante de todos, cuya visión fue quebrada para después encontrar la luz y los colores, maldito por un rey.

Piensas en tus estudios, está claro que es un dios menor, Aquiles, reyes, el que dejo de ver y luego vió, cierras los ojos y sonries.

-Eres Fénix, Fénix, el Dios de la luz, el hijo del rey Amintor.

-Bingo.- sonrie y una flor de luz sale de sus dedos para colocarse en tu pecho.-el premio de la señorita, y ahora, busquémoste una habitación, ¿Quieres?

-No tengo elección, ¿Verdad?

-Lo siento, lo siento de veras.-te tiende la mano y la aceptas, te has acostumbrado a su extraña calidez, un pinchazo te recuerda a Dan y te niegas a pensar en él, es el pasado, ellos son tu futuro.-Una habitación para la diosa de la concordia.-dice y abre la puerta con ademan majestuoso enviando una bola de luz a la lámpara de cristal.

Las paredes son de color noche con un extraño brillo dorado suave, hay una cama y encima, encima tu cuadro favorito, la respiración se te pausa al verlo.

-Le moulin de la galette.-susurra.

-Renoir.-completas la frase.-¿Cómo?, ¿Cómo sabías qué…?

-Tuve ayuda de un amigo.

-Zeus.

Niega y ríe.

-Apolo.-ries.-Delfos.

-Se te da bien adivinar, eres hija de tu madre, sin duda.

-¿Ahora no tengo premio?.-bromeas.

Algio apaga las luces y tu respiración se agita, el espejo se ilumina y él aparece, y duele, mucho. Algio te coge la mano.

-Puedo traerle.

-A riesgo de qué.

-De matarle, de hacerle inmortal…

-De destruir su vida, su futuro, su familia.

-Parecido.

-No, él estará bien, ¿En este sitio no hay cerveza?

Fénix se rie y te abraza balanceándote del cuello.

-Te acostumbrarás cielo, mi querida y pequeña fusa, te gustará esto.

Ries por el mote musical y te giras cuando la puerta se abre.

-¿Una nueva amiga Fénix?-dice una voz cálida y susurrante y un chispazo recorre tu espina dorsal.

-Hola Dion, Armonía, él es Dionisio, es…

-El extranjero.-murmuras.

-Dios libertador, del teatro…y del éxtasis.-susurra en tu oído.-Un placer hija de la nacida entre la espuma.-al retirarse su aliento surca tu mejilla como una caricia con olor a fresa y a vino y desaparece dejando la estancia cargada de tensión con un deje extraño y salvaje que te atonta como un perfume fuerte.

-Respira hondo y parpadea.-te pide Algio.

-Vale, eso ha sido, eso ha sido, vaya.

-Suele pasar, el día que le junten con eros o contigo será una catástrofe para la natalidad del país.

-Si ya, claro, conmigo.-gruñes o ronroneas, aún sopla un aura de excitación en la habitación.-¿Este sitio tiene cerrojo?, no quiero que ningún dios más se presente por hoy.

-No es útil.-ríe.-pero si tú te sientes mejor me quedaré a vigilar.-dice sentándose en el sofá.

-Algio, la cama es grande, suficiente para dos.

Niega.

-El aire, ¿recuerdas?, no se como terminaría todo esto.-habilmente se ha alejado lo suficiente para que no sientas arder su piel con la tuya.

-Oh, si, bien, vale.

-He dormido en sitios peores Armonía, descansa, lo necesitarás.-acto seguido se tira en el sofá de forma caótica y baja la luz para que te desvistas, te metes entre las sábanas de color burdeos y cierras los ojos.

Tu respiración tarda en volver a su ritmo habitual y requieres de toda tu concentración para no ir hasta el sofá con él, con el dios Fénix, te imaginas que Dan es el cojín a tu espalda y lo abrazas para distraerte hasta que te quedas dormida.

lunes, 10 de enero de 2011

Laura contempla el amanecer rojo dorado y sonríe triste ante la estupefacción de sus ojipláticos compañeros.


Es un amanecer feo, pequeño y reprimido, como la gente de la ciudad, atrapado entre pequeñas ventanas negras y tapado por las cortinas de color gris apagado.

Laura recuerda los amaneceres de su hogar, en las viejas afueras de la misma ciudad, donde el sol de las mañanas se colaba entre las ventanas blancas y competía en color con los ladrillos rojos, tiñendo los prados y los patios de piedra, y las caras, las risas, haciendo cálido el frío.

Cambia tanto todo, la gente, que tiene miedo de si misma, ahora teme hasta al amanecer
-Te amo.-dijo él extasiado.


En ese instante Violeta le odió, le odió como nunca había odiado a nadie, no tenía ningún derecho a decirle eso, a atarla de esa manera.

El odió la consumió y brilló en sus ojos verdes oscuros con fuerza como un bosque ardiendo, como el bambú rompiendo ante el vendaval, como la hierba incendiando la pipa o bailando bajo un huracán en la pradera.

Violeta le odió, le odió porque ya nunca sería capaz de verle igual, porque la había atrapado, como hacía siempre.

Su estupidez, sin permiso de su consciencia la hizo atrevida u escribió con un dedo, gélido como la muerte, en su espalda:

“Yo también”

Verás...

Puedo llegar a ser realmente insoportable.


Me gustan el viento y la lluvia, pero no el viento con lluvia, me encantan los libros pesimistas y atormentados pero no soporto la debilidad, las quejas ni los lloros.

Me gustan las ciudades grandes, pero me siento perdida en las multitudes.

Me gusta la noche pero tengo miedo a la oscuridad y me ponen nerviosa las luces parpadeantes.

Me gustan los ojos de las personas, los gatos, los chismes y las cosas brillantes, el café fuerte con azúcar, las cosas ácidas, no las dulces, el olor de la mandarina, el tacto de un piano y el sonido del lápiz sobre el papel, pero odio el plástico el algodón, las limas de uñas, el silencio y por tanto las bibliotecas, el tacto de las manos después de fregar y el sonido del agua está muy lejos de relajarme.

No me gustan los niños pequeños ni estoy de acuerdo con la monogamia y la sociedad occidental, me dan miedo los balones, me incomoda mi ignorancia y las conversaciones de ascensor, tampoco me gusta la leche, los colores apagados, el pop, ir de compras ni limpiar, me pone muy nerviosa el orden.

No me gustan las mentiras, por piadosas que sean, pero tampoco llevo bien la sinceridad absoluta.

Me encantan las paradojas, las cosas difíciles, el amanecer y el anochecer, correr me relaja, si hay una guitarra en la habitación tiene que estar en mis brazos, a no ser que haya un candidato mejor. Me encanta el olor a polvo y libro viejo, la ropa recién lavada, los jerséis grandes y las camisas de hombre.

Me ayuda hacer listas absurdas, me apasiona la psicología pero no soporto que me psicoanalicen, me encanta viajar, la gente extranjera, los museos, el arte, la historia, la astronomía, la genética y el modernismo literario, las matemáticas me parece fáciles.

Odio el tiempo, sobre todo perderlo y por tanto no me gusta comer ni dormir ni los relojes, que son peores que los padres, siempre marcando tu vida.

Todos los pies me parecen feos, no me gustan las gafas de sol porque ocultan los ojos pero si las risas, adivinar quién es el malo en las películas, las botas de agua de colores chillones y pisar la arena.

Siento fascinación por Nelson Mandela y por la película Al Este del Edén.

Soy difícil de tratar, cabezota, impulsiva, orgullosa, egocéntrica, caprichosa y arrogante, no se besar, mis abrazos son sosos y siempre estoy nerviosa o distraída.

Sí, soy insoportable, el mayor reto que podías haber encontrado, pero puedo intentarlo, siempre puedo intentar ser normal.

martes, 4 de enero de 2011


Este es el momento en el que siempre escapas, te puede la sensación de ser cazada, de que hagan contigo lo que quieran, ahora deberías desaparecer, hacer daño y hacerte daño y decir adiós, aún estas a tiempo, mejor dicho, estabas a tiempo, ahora ni tú misma puedes detenerte, Él ha podido on todas tus barreras y ya no puedes echarte atrás, no sobrevivirías a su ausencia.