"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Calle 10

-No puedes saberlo todo.


-No pretendo, sólo quiero saber algo, algo.

-¿Qué?

-¡No lo sé!, no sé quién eres.

-Soy Joe, la misma Joe de siempre.-dices con sonrisa triste.

-No J, no eres la misma, hay sombra en tus ojos, tus sonrisas no brillan, tus palabras guardan secretos, ni siquiera tus silencios son iguales.-Dan y su puta retórica tan expresiva que hace llorar a las piedras.-No eres la Joe a la que quise…-traga con un gesto de dolor.-…ni a la que quiero.

Y te mira, te mira y duele, porque le has hecho daño a la única persona importante, y sus ojos brillan como el cristal roto y pinchan, destrozan el alma y te dan ganas de olvidarlo todo, de decirla a Ella que no lo haces, que te olvide, que no vas a perderle, pero sientes la mano de Algio en tu hombro, amenazante o consoladora, no distingues, y sabes que Dan estará mejor sin ti, que vivirá, que podrá hacerlo.

-Lo siento.-te obligas a no llorar, a decirle adiós sin dudar ni un segundo, a borrar toda esperanza de su mirada.

-Adiós J.-dice y su voz se quiebra en mil trozos armónicos que se clavan en tu oído y huyes porque no puedes verle llorar, no lo soportas, y vuelves a casa de Algio, y se hace visible y muestra una pizca de humanidad más allá de sus ojos fuego.

-Adiós Dan.-murmuras.-Adiós.

Y así cierras el último capítulo de tu vida humana, y así, te dejas caer en las garras de Venus, de esa que dice ser tu madre, de esa que te pide tanto, esa a la que odias, y Algio te lleva al absurdo mundo suyo mal llamado Olimpo que se esconde en un sótano oscuro en la calle 10.

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