"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

martes, 9 de noviembre de 2010

Perlas de brillo y olor a polvo

Te envuelves en la camisa mientras tu estómago se rebela por centésima vez en el mes.

Ves la lluvia, te distraes con su caida, una gota tras otra, una fugaz vida del cielo a la tierra, y así, siempre, interminablemente, el agua que todo lo ve, no serás nadie para esas pequeñas perlas de brillo y olor a polvo, una vida más tras otra, tantas habrán visto, insignificancia.
Los cristales brillantes siguen cayendo, creando su música, chocando contra los tejados, tuberías, el suelo, las ventanas, rebotando en la dura, gris y luminosa ciudad, tu mente no alcanza a abarcar la cantidad de gotas que estarán cayendo.
Nacer, morir, subir, volar y caer, como en una montaña rusa, deslizarte por el tronco de un árbol, olor a hierba, resbalar por una hoja y sacar guiños al sol, deshacerte y que te respiren, y llegar al mar, al inmenso océano y volver a volar, y que los niños jueguen contigo a las carreras, los sueños se besen bajo tu tormenta y respladecer en un rayo que sólo se capta un segundo, que sólo contadas personas ven y hacer feliz a alguien, servir de inspiración, de nostálgico recuerdo, que bailen los locos empapados y caer en un café.
Deja de llover y vuelves a tu mundo, por desgracia, te ha tocado ser persona en la lotería del destino, una pena, con lo que te gustaría ser una perfecta gota inmortal entre tantas, azul y fresca, siempre azul

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