"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Historias IV

Tercer día, el teléfono te despierta.


-Luca, Luca, ¿Estás bien?

-Sara, no quiero hablar.

-joder Luca, eres mi hermana, mamá está preocupada por ti.

-Tú no.

-¡Claro que sí!, entiendo que perder a una amiga te haga sentir mal pero…

-Lisa era mi novia, mi mujer, la tia a la que me follaba, a la que quería y con la que planificaba un futuro Sara, no era mi amiga.-le gritas al auricular, es la primera vez que oyes tu voz ronca decir algo con fuerza, por ahí no pasas.

-Luca, ya hemos hablado de esto, no sabes lo que quieres, ¿recuerdas a Marco?, pues quiere verte, está preocupado.

-Que se vaya a la mierda, Sara me gustan las mujeres joder, soy bollera, lo que quieras, si, el anticristo, déjame en paz, sólo quiero que no me hagas discutir esto ahora.-contienes un sollozo por puro orgullo.

-Tenía que intentarlo Luca, lo hago por ti.

-No estoy bien Sara, no quiero hablar de esto.-cuelgas el teléfono de un golpe, un chasquido sordo que aleja la voz de tu hermana por primera vez en años.

Lisa, tu dulce Lisa.

-¿Dónde estás?-dices en rima quebrada.-¿Dónde coño te has metido?, no puedo vivir sin ti joder.-te echas a llorar y te abrazas a su cojín, de nuevo a su cojín, como si conservase su calor, el de su piel.

Tercer día, sueñas, ella no está, Lisa ya no está.

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