"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

viernes, 22 de octubre de 2010

Historias II

Oh sí, lisa era jodidamente perfecta, jodidamente femenina, jodidamente dulce, porque su jodido olor a mandarina y sal aún sigue en tus camisas cada vez que te las pones, porque su cepillo de pelo, sus pendientes, sus vaqueros arrugados siguen en la misma silla de siempre.


Porque aún esperas que salte a tus brazos cuando entres en casa, con su cámara y sus caprichos, que con su delicada mano de pianista te quite alguna mancha de óleo de la mejilla y se ría con su angelical boca, porque todavía sigues buscándola en la cama donde sólo queda un hueco helado.

-¿Dónde está Lisa?

Oh, mierda piensas y te revuelves el pelo en un gesto nervioso.

-Si tía, ¿Dónde está Lisa?-repite la pequeña Lucy con sus ojos clavados en ti.

La jodida pregunta, la del millón.

-Lisa se ha ido.

-Ah, ¿Está de viaje?

-Claro cielo.-pones tu mano en la cabecita rubia y trenzada de la pequeña.-A un sitio muy, muy lejano.

-¿Y por qué no has ido con ella?

-Por que tengo trabajo, y cosas que hacer.

-Oh.

-¿Y yo podré ir contigo?

-No, claro que no.

-¡Pero yo quiero ir!

-Irás cuando seas mayor, muy mayor.

-¡Pero yo quiero ir ahora!

-Lucy, Martin.-les grita tu hermana, nunca te has alegrado más de oir su voz.-dejad a la tia en paz.-oh, claro, ahora te tratará con condescendencia, con su preciosa caridad cristiana.-¿Estás bien?, ¿Quizás deberías ir a descansar.-Ya, si, seguro, ya sabes porque no quiere que te quedes, ¿Para qué discutir?

Te vas, no quieres ori lo que te dirá, que Lisa fue un error, que te gustan los hombres, mentiras estúpidas basadas en religiones absurdas, en fin, vuelves al apartamento.

-Hola cielo-Le dices a tu musa imaginaria.-sí, ya lo sé, hay que comprar chocolate.-tu voz suena como el gemido de un gato, no puedes hacer más por ti, ni por ella, ni por nadie, solo quieres dormir, la inconsciencia es perfecta, te acerca más a ella, si, dormir.- sería perfecto.-murmuras antes de caer rendida en el sofá de tela roja con su cojín abrazado a ti.

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