"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

martes, 7 de septiembre de 2010

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Observó el humo elevarse en ondas sin sentido y un ligero olor a menta invadió la habitación, sin permiso de su sensatez su corazón lo comparó con otro olor, con ese olor extraño, el de su piel, el de su ropa, la ceniza del incienso cayó incandescente a la tabla decorada con hojas doradas brillantes, las increíbles formas hipnóticas y grises que se alejaban hacia el techo y una foto tras otra en la auto tortura de los domingos, en la habitual nostalgia y la falta de algo, en la sensación de siempre, de la estúpida manera de ser diferente, y del horrible deseo de ser una más en todos los sentidos, una como cualquier otra, con tacones y faldas ajustadas, con los ojos de negro brillante y los labios con brillo de sol, de las risas, las copas y los juegos en las noches de sábado, miró sus vaqueros desgastados, la camiseta vieja y la sencilla chaqueta gris, los pies descalzos cruzados sobre el suelo y las manos largas y delgadas en pelea con las teclas tratando de comprender como podía ser tan egoísta, tan inconformista, como podía ser tan desagradecida en suma, tenía una familia no perfecta, pero feliz, dos casas, un perro, abuelos, primas y una hermana, tenia habitación propia, buenas notas, viajes al extranjero, regalos de navidad, comida, dinero, coche, tenía todo lo que podía desear realmente, le tenia a Él, unas amigas geniales, se le daban bien bastantes cosas, y aun así, muchas noches deseaba experimentar la falsa libertad adolescente, si, por mucho que intentase negarlo, en el fondo, era igual que todas las demás, únicas en si, pero difíciles de aprecia

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