"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

viernes, 27 de agosto de 2010

Sombras

Y se sentaron en las escaleras, en silencio absoluto, sin nada que decir, ella para no estropear el momento, él quizás porque ya no tenía nada más que decir, la luz se apagó y ella rió, respiraba con dificultad, pero no quería que él se percatase, no quería estropear ese momento, estaba demasiado cerca, demasiado cerca de todo, suspiró despacio y él la giró, con una mano sobre su mejilla, se inclinó y cruzaron la mirada un instante de torpe intriga, ella cerró los ojos y se besaron, explorando esa extraña sensación de estar juntos al fin, juntos y solos, alejados del mundo.


Ella se apartó unos segundos para respirar y poder pensar con algo más de claridad, apoyó la cabeza en el hombro de él y respiró tres veces, despacio y con exactitud, se giró de nuevo para probar otra vez su sabor, su manera de besar y esta vez de manera más segura, menos torpe, más largamente, quería hacer tantas cosas que no se atrevía a hacer para no dejar pasar los cinco miserables minutos que les quedaban, se apartó y el reloj dio la temida hora, cerró los ojos.

-Debería irme.

-Si.-susurraron.

-No quiero.

-Ni yo.

Pero los dos descendieron al suelo, bajando las escaleras del portal y justo cuando estaban a punto de separarse Ella robó otros cinco minutos para parar el mundo y besarle de nuevo, por tercera vez en ese día, por tercera vez en esos quince intensos minutos, y justo entonces supo que le quería, que realmente le quería y volvió a casa, preguntándose a cada segundo que estaría haciendo él y recordando sus labios, sus besos y su hombro cálido contra su mejilla sonrojada, y esa noche, como tantas otras no durmió por Él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario