"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

martes, 17 de agosto de 2010

Parte 2-Declaración de intenciones.

ELLA

Otra clase interminable, interminable y el sonido de la tiza repetitivo, monótono.

Él se asoma a la ventana un piso más arriba, buscándote con sus ojos azul-grises y sonríe cuando te ve.

Respondes inconscientemente a su sonrisa mientras pega un papel a su cristal, “Día D” pone y ríes, volviendo la vista a la lección y mordiéndote el labio.

Tus ojos sueñan.

El timbre suena y, como siempre, Él es más rápido, ya está esperándote, y sin importarle nada las miradas indiscretas de sus compañeros se abraza a tu cintura mientras te arrastra hacia la pared donde te acorrala, te obliga a mirarle a los ojos, a sus ojos y murmuras algo sobre chantaje emocional, pero a Él no le importa y se acerca para besarte, en el fondo ya no te importa lo que piensen.

Tú le besas primero y os vais, olvidando las miradas y los cotilleos, olvidándoos de todo.

-¿Por qué has hecho eso?-preguntas.

-Llámalo declaración de intenciones.-responde encogiéndose de hombros.

-Desatarás la guerra, todas me odian.-dices.

-¿Realmente te importa?-dice preocupado.

-No.-sonríes.

Entonces se para, serio alza tu barbilla y te mira profundamente, sin más, sólo sus ojos y los tuyos, sólo su mirada y la tuya.

Con el dorso de la mano acaricia tu mejilla y la deja apoyada en tu pómulo, inclinas la cabeza sólo para que su piel roce la tuya un poco más.

No dices nada, no quieres estropear ese momento, tu momento, vuestro momento.

Lo tiras todo, ya definitivamente y pones tus brazos alrededor de su cuello.

-No me importa absolutamente nada lo que piensen.-dices lentamente.

Por un instante te parece que te mira sin verte, o que puede ver dentro de ti, muy, muy dentro de ti, más allá.

Quieres saber qué es lo que está viendo pero no dices nada, pronto vuelve en sí y mira otra vez tus ojos.

-Eres, eres…-te besa, así, sin más, y ese beso transmite más, mucho más que todas las palabras del mundo, mucho más que cualquier imagen, mucho más.

Vuestros ojos están húmedos y sonreís, aun parados en medio de la acera.

Todos se han ido ya, y vuelves a casa con cada centímetro posible de tu cuerpo pegado al suyo.



ÉL

Derivadas integrales, lees en la pizarra mientras intentas entender algo de lo que el profesor te está explicando.

Te rindes y te asomas a la ventana, buscándola un piso más abajo y sonríes cuando ves que te mira.

Una ocurrencia pasa por tu mente y escribes con letras mayúsculas “Día D”, pegando el papel a la ventana, Ella ríe, regresando a su clase mientras se muerde al labio.

Es preciosa piensas justo antes de que el timbre suene y corres, ignorando las miradas elocuentes de tus compañeros, ya sabes lo que piensan, no te importa lo más mínimo.

La ves bajar las escaleras blancas de la salida, aún lleva un boli en la mano y anota alguna idea en un papel ya lleno.

Te acercas sin esperar y te abrazas a su fina cintura, mientras la acorralas contra la pared de ladrillos, sabes que todos te miran. La obligas a mirarte a los ojos y escuchas algo sobre un chantaje emocional, estás tan cerca que no puedes pensar con claridad, entonces es Ella quien te besa y tú la retienes, sonriendo.

Coges su mano y os vais, obvias los comentarios de tus compañeros, las estupideces que están diciendo, los cotilleos que habrá mañana, al fin y al cabo, era inevitable que lo descubrieran.

-¿Por qué has hecho eso?-te pregunta Ella.

-Llámalo declaración de intenciones.-dices sinceramente.

-Desatarás la guerra, todas me odian.- repone entonces Ella.

-¿Realmente te importa?-dices preocupado, no soportarías crearle problemas

-No.-dice.

Te paras realmente preocupado, no soportarías que tuviese ningún problema, alzas su barbilla y la miras perdiéndote en Ella.

Despacio acaricias con el dorso de tu mano su mejilla cálida, Ella inclina la cabeza.

Ninguno de los dos dice nada, sus brazos se colocan alrededor de tu cuello.

-No me importa absolutamente nada lo que piensen.-dice lentamente y su voz, su voz suena como una canción, un acorde, una promesa, más que palabras.

Un instante te pierdes en sus ojos, en Ella, en todo lo que te hace sentir, porque es única, es única y tú eres quien la besa, quien la abraza, eres el hombre más afortunado del mundo, Ella es extraordinaria, perfecta, preciosa y no puedes expresar con palabras todo lo que la amas, todo lo que significa para ti, lo completa que es tu vida gracias a sus manos, a su mirada, su sonrisa, gracias a cada centímetro de su piel.

Vuelves a la realidad y sigues perdido en sus reflejos castaños.

-Eres, eres…-dices intentando decírselo todo pero no puedes, las letras te parecen insuficientes y la besas, la besas como nunca, como si ese momento fuese el último posible, porque ese beso dice más de lo que podrías cantar, escribir nunca, mucho más que cualquier palabra.

Hasta un Te quiero te parece insuficiente.

Vuestros ojos estás húmedos y brillantes, su sonrisa es como un rayo de sol, aún estáis parados en la acera vacía.

Y la llevas a casa con cada centímetro de tu cuerpo posible pegado al suyo.

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