"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

martes, 17 de agosto de 2010

Él


Lo has decidido, es su última oportunidad para entenderlo, si no lo aceptan ya no te importará nada, Ella es más importante.

Entráis en la casa su mano en la tuya y todos se quedan mirando como idiotas, si, como idiotas.

Saludas y la presentas, nadie dice nada, es como si Ella no estuviera allí, son unos cabezotas piensas y la sientas en tu regazo dibujando lentamente con tu dedo en su muslo.

Ves que Ella saca un libro de Biología y abre una página distraída.

“Reproducción y sexualidad” alcanzas a leer y susurras en su oído un “interesante” que la hace reír, su rubor es encantador.

-Si sigues haciendo eso no podré estudiar nada.-te dice mientras para tu mano en su pierna.

Te apartas esperando su reacción que no se hace de rogar.

-No he dicho que quiera que te apartes.-dice y se pega de nuevo a ti.

-No quiero influir en tus exámenes.

-Ni yo en tus amistades.-dice frunciendo el ceño ante Rubí que la fulmina con la mirada.

Empiezas a pensar que esto no ha sido una buena idea.

-¿Aguantarás una hora más?-preguntas.

-Si.-dice volviendo la vista al libro.

LA observas concentrada durante la siguiente media hora, cada reacción de su cuerpo se refleja en su cara y sus ojos chispean cada vez que algo llama su atención, es fascinante.

Se revuelve incómoda, sabes que la inquieta este silencio hostil.

-¿Quieres que nos vayamos?, mi casa está libre.-dices insinuantemente.

Cierra los ojos y parece a punto de caer en tu tentativa pero sabes que nunca se rinde fácilmente.

-Aguantaré media hora más, ¿Seguirá libre entonces?

-Lo estará tooodo el día.-respondes feliz de que acepte.

Ella sigue estudiando y un papel llega hasta ti.

“Es una cría Ian, ¿Por qué no te rindes y juegas con alguien más experto en esto?”

Rubí te guiña un ojo, estás enfadado si, y mucho, esto es el colmo.

En cuanto Amy te mira os levantáis y os vais, ni tan siquiera te despides.

-Volvamos a casa.-dices y pegas su cuerpo al tuyo, para sentir ese efecto calmante de la droga de su piel contra la tuya.

Llegas a la puerta blanca y entras deprisa, es vuestro refugio, nadie puede entrar, no hoy.

La sientas en la meseta de la cocina y comienzas a preparar algo de comer, Ella se levanta y prepara las fresas.

Es como si te leyese la mente, fresas…

Tarareas inconscientemente una de tus canciones favoritas y paras cuando escuchas que alguien entra en casa.

Tu hermano entra inoportunamente en la cocina.

-¿Interrumpo?-dice mirándola de arriba abajo lo que te enfada ligeramente.

-Luck.-gritas.-creí que no habría nadie en casa hoy.

-Yo creí que estarías estudiando.-dice aguantando la risa, se acerca a Ella con su natural y odioso encanto.-soy Luck.

-Es mi hermano-aclaras.

Ella se acerca, Luck la besa la mano y le fulminas con la mirada.

-Ella es Amy.-dices agarrándote a su cintura algo posesivamente.

-Está bien hermanito, la casa es tuya.-dice guiñándole un ojo a Ella.

Parece confusa, es el odioso efecto que produce tu hermano en las mujeres.

-Olvidemos esto.-dices tratando de restarle importancia y ríes.

Llevas la comida al salón, la notas dudar, te sorprende sentándose en el suelo.

Sacudes la cabeza sonriente y te sientas a su lado, algo girado para observarla.

-Ha sido horrible, ¿verdad?- piensas en Rubí.

-¡No!, no tanto, ha sido raro, pero no horrible.

Miente y lo sabes, y Ella sabe que lo sabes, no importa, no habrá segundas oportunidades, es tu decisión.

-No lo aceptarán nunca.-suspiras.

-Ian, yo…yo no quiero causarte problemas ¿vale?, si pierdes a tus amigos por mi quizás…-dice Ella y se muerde el labio, no te gusta ese gesto, está preocupada.

Quieres saberlo, quieres saberlo todo.

-¿Quizás qué?

-Quizás no debamos estar juntos.

Esto no puede estar pasando, no a ti, no Ella, no puede dejarte, no sabes, quieres, puedes vivir sin Ella, no soportarías verla con otro, sin ti, no puedes respirar.

-No, no.

No, no, no y no, no vas a permitir que los gilipollas de tus amigos intolerantes e inmaduros te alejen de Ella, no, nunca.

-No.-repites.

Se levanta y te abraza, no puedes dejar de pensar en que sería de ti sin Ella, sin sus besos, sin su respiración al lado de la tuya, sin el simple gesto con el que te mira a los ojos, sin su mirada oscura, no, no y no.

Te dejas guiar hasta el sofá y acomoda tu cabeza en su pecho caliente, su respiración te tranquiliza.

-Nunca se me ocurriría dejarte Ian, nunca, es sólo que quizás no deberías sacrificar a tus amigos por mí.

-Nunca te dejaría por ellos, nunca.

-No merezco la pena Ian, no tanto como tú crees.

¿Cómo puede decir eso?, no conoces a otra persona y dudas que exista alguien que merezca la pena más que Amy.

Se acerca más a ti y la miras, la miras intentando descubrir si podría dejarte, si realmente piensa que no es lo suficientemente buena para ti o alguna otra estupidez similar.

-Lo que yo crea o no que merece la pena es mi decisión Amy y no conozco una persona en este mundo que lo merezca más que tú, asique olvida esa idea porque te quiero, y lo demás no me importa nada.

Ella se queda en silencio, se rinde, sabe que no puede ganar.

Te tumba de nuevo, pesas demasiado, no quieres molestarla.

Pasas un brazo por debajo de su cuerpo y le das la vuelta para colocarla encima de ti, su pecho con el tuyo, su cadera encima de la tuya.

Sonríe con esa media sonrisa que te vuelve loco y parpadea tan idílicamente que te quedas hipnotizado, pero cuando te besa, cuando Amy te besa todo lo demás desaparece, sólo tu boca y la suya al mismo compás, en batalla perpetua por el cuerpo del otro.

Te atreves a dar un paso más, la quieres, la deseas tanto en ese mismo momento que tu mano pasa por debajo de su camiseta acariciando su espalda, Ella se estremece y se levanta.

Despacio Ian, piensas, despacio.

Amy comienza a recoger y protestas, la escuchas abrir el grifo en la cocina, correr hacia allí y le quitas los platos de la mano, ya habrá tiempo para eso, ahora es tuya, completamente.

Se abraza a tu cuello y la besas, esta vez más deprisa, con fervor, la necesitas, tus manos vuelven a recorrer su columna y ella no se aparta, se acerca más, casi puedes fundir tu cuerpo con el suyo.

-¡Ya estamos en casa!-grita alguien en la entrada.

Tu peor pesadilla se cumple, Amy se separa, y cierras los ojos tratando de no echar a tus propios padres de casa en un arrebato.

-Creo que ya he conocido a demasiada gente por hoy.-dice mientras se escapa ágilmente por la ventana.

Sabes que te espera así que saludas a tus padres y rápidamente sales de casa, de la que debería haber sido tu casa, toda, entera durante todo el largo día.

Eso te enfada un poco.

-Prometieron estar fuera todo el día.-piensas en voz alta y agarras su mano.

-Tienes las manos heladas.-le dices, no recuerdas que tuviese las manos tan frías.

Ella se ríe y solo con ese sonido sabes que todo ha valido la pena, que ella es todo lo que necesitas, ya habrá otra casa vacía en otra ocasión, Amy es tuya, no tienes ninguna prisa y sonríes como un idiota.

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