"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Cap.4- ELLA Y ÉL

ÉL

Sales a la lluvia, pisando con pies descalzos la arena de la playa.

Escuchas el sonido del mar y tu teléfono vibra, no importa, no es Ella.

No quieres hablar, hay demasiadas dudas, demasiados interrogantes.

Sus ojos oscuros, su sonrisa, su piel pálida y su voz, las conversaciones, todo es demasiado confuso, no sabes lo que sientes, no sabes lo que está ocurriendo, ya no tienes nada claro.

Él tiempo pasa lento y una parte de ti desearía no tener estas distracciones, no es el momento, es todo tan inesperado…

La otra parte de ti piensa, ¿Por qué no?, al fin y al cabo, tu le gustas y ella te gusta a ti, ¿Cuál es el problema?

Después, está esa otra parte de ti que sabe que no puedes perderla, que no lo soportarías, que ya la quieres demasiado, que la necesitas, que un abrazo, su mano sobre la tuya unos segundos, el encuentro de sus ojos brillantes con los tuyos no es suficiente.

Sus historias, las tuyas, llamadas por la noche y robar minutos a las horas que vuelan cada vez que la ves.

Sus silencios, sus reflexiones, todo, cada momento te lleva a Ella.

La lluvia sigue cayendo y ves una figura avanzar distraídamente por la orilla.

Su pelo corto, empapada, es Ella.

Sus ojos se abren, tan sorprendidos como los tuyos e inevitablemente sonreís, se queda quieta, dudando.

Avanzas hacia ella, has tomado tu decisión.

La abrazas, aspiras el olor de la lluvia con su dulce piel y no la dejas separarse, nunca.

-No necesito más tiempo.- dices sin poder evitarlo, no controlas, ni quieres controlar lo que estás diciendo.

Ella trata de apartarse, está asustada, no la sueltas, no quieres soltarla.

-Te quiero.-susurras.-te quiero.

Sientes que ríe y su risa te hace cerrar los ojos y respirar hondo.

Te apartas un instante sin soltar su mano sólo para que vuestras miradas se encuentren y te pierdes en ella, en su sonrisa, en un ademán con el que aparta su pelo corto, estáis empapados.

Te acercas despacio, ella es todo lo que necesitas, es todo lo que quieres así que la besas, largamente, mientras la lluvia comienza a amainar, ni siquiera te das cuenta de que Ella tiembla.

Cuando abres los ojos, un rayo de sol.

Le prestas tu chaqueta que insiste en compartir contigo y camináis cuerpo con cuerpo.

Al fin todo está claro, todo, Ella…

ELLA

Caminas, llueve, sabes que le quieres, lo sabes y lo odias, odias todo esto, odias las dudas, la espera, pero, al fin y al cabo, el misterio siempre te ha gustado.

Caminas por la playa y sientes la arena bajo tus pies y tus zapatos en la mano.

Los sueltas y te quedas quieta un segundo, mirando al mar que se voltea furioso, ya es de noche, deberías irte a casa pero necesitas pensar y el sonido del agua te relaja.

Respiras hondo mientras comienzas a caminar hacia las escaleras.

Estás nerviosa, esa sensación en tu estomago no desaparece, ¿Qué estará haciendo Él?, ¿Estará pensando en lo mismo que tú?

Sacudes la cabeza y ves una figura a lo lejos, un destello de sus ojos azules te deja paralizada, es Él.

Es Él, y, por un momento te das cuenta de que estás empapada, sonríes inconscientemente y tiemblas mientras se acerca y sin decir nada te abraza.

No sabes si se ha decidido, si esto es un adiós o una determinación, no sabes nada, asique cierras los ojos y disfrutas de la sensación de su cuerpo contra el tuyo.

-No necesito más tiempo.-le oyes susurrar.

Inevitablemente tus músculos se tensan, y esperas un odioso segundo, Él te retiene y tú te dejas retener.

-Te quiero.- dice y sientes que todo ha merecido la pena, que le quieres más que a nada, que todo es perfecto.

-Te quiero.- repite, y ríes de nerviosismo y felicidad.

Te hundes en sus ojos que brillan, en su mirada y solo dejas de mirarle cuando te besa, largamente, su sabor, todo es tal como has soñado.

Al fin todo está bien, todo, Él…

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