"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

viernes, 27 de agosto de 2010

Sombras

Y se sentaron en las escaleras, en silencio absoluto, sin nada que decir, ella para no estropear el momento, él quizás porque ya no tenía nada más que decir, la luz se apagó y ella rió, respiraba con dificultad, pero no quería que él se percatase, no quería estropear ese momento, estaba demasiado cerca, demasiado cerca de todo, suspiró despacio y él la giró, con una mano sobre su mejilla, se inclinó y cruzaron la mirada un instante de torpe intriga, ella cerró los ojos y se besaron, explorando esa extraña sensación de estar juntos al fin, juntos y solos, alejados del mundo.


Ella se apartó unos segundos para respirar y poder pensar con algo más de claridad, apoyó la cabeza en el hombro de él y respiró tres veces, despacio y con exactitud, se giró de nuevo para probar otra vez su sabor, su manera de besar y esta vez de manera más segura, menos torpe, más largamente, quería hacer tantas cosas que no se atrevía a hacer para no dejar pasar los cinco miserables minutos que les quedaban, se apartó y el reloj dio la temida hora, cerró los ojos.

-Debería irme.

-Si.-susurraron.

-No quiero.

-Ni yo.

Pero los dos descendieron al suelo, bajando las escaleras del portal y justo cuando estaban a punto de separarse Ella robó otros cinco minutos para parar el mundo y besarle de nuevo, por tercera vez en ese día, por tercera vez en esos quince intensos minutos, y justo entonces supo que le quería, que realmente le quería y volvió a casa, preguntándose a cada segundo que estaría haciendo él y recordando sus labios, sus besos y su hombro cálido contra su mejilla sonrojada, y esa noche, como tantas otras no durmió por Él.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Bailemos


-Bailemos.

-¿Qué?-ríes.

-Bailemos.

-Estás loco.

-Completamente.-te acerca cogiéndote por la cintura y coge tu mano.

Canturrea algo mientras te balancea hacia los lados.

Ríes de nuevo y te apartas, intenta darte una vuelta y vuelve a atraparte en su mirada azul, la noche casi ha llegado, en unos minutos la oscuridad que hace sombras en el rostro de Alan lo invadirá todo, el cielo, negro, malva, rosado y naranja invita al silencio, Él no parece pensar lo mismo.

-Atrapemos una estrella.

-¿Qué has bebido?, creo que el vino de miel te ha sentado mal.

-Reconózcame doctora.

-Está bien, tú te lo has buscado.-apoyas tu frente en la suya y respira hondo.-Así está mejor.

-Aún no.-roza sus labios con los tuyos.-Así.-te besa.-está.-otro beso.

-Mejor.-adivinas y le besas de nuevo.

-Exacto.-sonríe con esa expresión tan irresistible.

-No quiero que te vayas.-suspiras.

-No voy a irme.

-Quédate esta noche, conmigo.

-Deena.

-No.-te enfadas.-No pienso admitir una negativa, no otra vez.

-Eres…

-¡¿Qué!?, muy joven, muy inocente, muy niña…

-Muy tentadora, muy hermosa, muy arrogante y muy, muy, muy cabezota.-te hace callar con un beso- Si tú no quieres, yo no me iré.

-Bien, por que no quiero que te vayas.

jueves, 19 de agosto de 2010

Y se sentó allí...

Y se sentó allí, en ese mismo lugar en el que unas veinte horas antes había estado con Él, en el mismo pedazo de muro, viendo el mismo mar, escuchando el mismo sonido del mismo viento, observando los mismos barcos, sonriendo ante el mismo lugar, pero la luz ya no era especial, si, era bonita, era un lugar precioso, pero sin Él sentado, mirándola dibujar, Ella ya no sentía lo mismo, algo melancólico la invadió y se autonombró tonta mientras recordaba su voz diciendo, “más verde”, “más verde”, se rió de su propia estupidez y contó las horas que le quedaban para verle de nuevo, tan solo 22, 22 largas horas, 22 interminables horas, quizás ya había pasado un minuto, uno menos pensó escuchando una canción tras otra para no pensar, sabiendo que la noche sería larga, y el día aun más, que los nervios la invadirían de nuevo y se reiría como una tonta, nada de esa sonrisa tímida que Él adoraba, que la respiración se le cortaría cuando se acercase en el sofá, que sonreiría par sí misma viendo sus ojos reaccionar ante una película que ya había visto unas cuantas veces, pero que vería otra vez, y otra si ello significaba tenerle cerca, sin hablar, solo a su lado, solo ellos dos en su pequeño universo particular, solo un día más del verano, solo otro día perdido antes de decírselo todo, y suspiró intentando prestar atención a la conversación a su lado y se rio tapándose los ojos con la mano, con vergüenza y algo de frustración, intentando apartarle de su mente un segundo, porque Él era su droga y Ella no estaba dispuesta a dejarle escapar.

Final.

Parte 4-Rubí.


ELLA

La lluvia cae encima de ti, no importa, tú sólo le ves a Él, bueno, a Él y a Ella claro, cómo no verla.

Su pelo rubio mojado, la ropa blanca empapada que trasparenta el rojo sujetador, las piernas bronceadas y, y sus ojos cerrados, con grandes pestañas, la piel dorada y los labios cerezas alrededor de los de Él.

No tiene sentido, no puedes pensar, ni siquiera eres capaz de gritarle, de llorar, de enfadarte, porque en el fondo sabes que era cuestión de tiempo, que lo vuestro era demasiado bonito, demasiado perfecto, que Él siempre ha sido así y no va a cambiar por ti, que eres estúpida y les contemplas besarse unos minutos más, torturándote.

Cada gota taladra tu pensamiento vacío como miles de agujas, no puedes pensar, no quieres pensar, sabes que si lo haces todo esto te aplastará.

Entonces Él te mira, llevas ahí el tiempo suficiente, no te has percatado de que las lágrimas que caen de tus ojos se confunden por la lluvia, de que le miras sin ver.

Intuyes que se acerca, sin palabras, sin nada, no eres capaz ni siquiera de odiarle, de gritarle, de pegarle incluso.

Te escapas como un gato asustado cuando intenta abrazarte, y te alejas, y Él te deja alejarte.

Caminas sin rumbo, los ojos verdes de esa chica te persiguen unidos a los de Él, las calles se te hacen cortas, deambulas sin rumbo, ni siquiera te das cuenta de que una cara que conoces te mira fijamente llamándote.

Tus ojos te recuerdan a los de Él y te alejas corriendo pero te persigue hasta que te acoge en sus brazos y lloras, lloras porque le has perdido.

-Amy, Amy tranquila, ¿Qué te ha hecho?

Es Luck, no puedes hablar, no eres capaz de decirle nada, Él sigue abrazándote, te consuela y te sienta en un banco, sus brazos alrededor de ti.

-Estás empapada Amy, te llevaré a casa.-dice.

Niegas asustada, no quieres ir a casa, no, Ian estará allí.

-A mi casa Amy, Ian no estará allí, te prometo que no te hará daño.-te gira.-Amy mírame, todo irá bien, te lo prometo.-su voz suave y sus ojos entran en tus sentidos, devolviéndote a la realidad.

Te apoyas en su hombro y te calmas, en silencio caminas a su lado, despacio, Luck sujeta todo el peso de tu cuerpo y te guía hasta su casa donde te acuesta en la cama, las pesadillas te persiguen toda la noche, cada vez que despiertas Luck está ahí, a tu lado.

-Todo irá bien.-repite cada vez que tu respiración se acelera y tus lágrimas amenazan con desbordarse.-Todo irá bien.

Y al fin, en la madrugada el negro sueño, la nada te lleva, tu mano en la de Luck, la otra alrededor de ti.

ÉL

Rubí se acerca, sus ojos esmeralda fuego se hunden en ti y te hipnotizan, está mojada, apetecible, insinuante, y sus labios cereza parecen diamantes esperando a ser besados

Sacudes mentalmente la cabeza, Amy piensas, Amy

Te encierras en Amy, en lo que sientes por ella, Amy, Amy, Amy

Rubí te besa y entonces te pierdes, te pierdes en ella, en sus labios fresa, en el tacto de su pierna suave contra tu cuerpo, de su pecho, de su cuerpo mojado y sus manos que te acercan más a ella

Amy piensas antes de dejarte llevar, Amy

Te separas al cabo de unos minutos, una sensación horrible crece en ti, y entonces, justo entonces todo da vueltas y Amy está ahí, bajo la lluvia, sin hacer, ni decir nada, y te mira como si no te viera

Y tú eres un imbécil y te odias.

Tratas de acercarte a Ella, lentamente y huye, Amy huye, algo dentro de ti se rompe, al final has acabado haciéndole daño, y lo peor es que los dos lo sabíais.

Ella corre y tú la dejas ir, no puedes hacer otra cosa.

Vuelves a casa, Luck tampoco está, te sientas en el sofá blanco y piensas, ¿Dónde estará Ella?

Y corres a la puerta con la esperanza de encontrarla y te paras, te paras porque la ves pasar en brazos de Luck.

Y tu mundo se viene abajo, y todo ha sido por una estúpida noche, ya nada tiene sentido y las pesadillas te asaltan hasta el amanecer.

martes, 17 de agosto de 2010

La luz de aquel día era una luz especial

La luz de aquel día era una luz especial, y ella lo percibía, el sol comenzaba a ponerse y abundaban los tonos celestes en armonía con los fulgores naranjas, el tráfico de la ciudad reflejaba sus destellos en los ojos de Él, parecía como si su color azul turquesa natural se mezclase con todos los demás reflejando un tono extraño como un Aleph que era todos los colores y ninguno, ella, que nunca había creído en la magia se imaginaba capturando sus ojos, que tenían su propio brillo en algún papel descuidado, en un rincón de su mente para que no se fuesen nunca, para que sus pesadillas no se cumpliesen jamás.


Por un segundo apartó la mirada al verse descubierta y se sonrojó, aliviada por el rojizo color que el cielo imprimía entre las sombras de sus pestañas.

-¿Qué?-rió Él.

-Nada.-sonrió ella como una completa chiquilla enamorada e irracional, lo que era.

Los dos volvieron a mirar al frente, al ajetreo, cada uno en su burbuja compartida, Ella completamente ajena a todo excepto a la pequeña porción de su hombro en contacto con el de Él que parecía pedir más.

Respiró hondo una vez, cerrando los ojos y pensando en alguna otra cosa irrelevante, pero el hormigueo de su piel en contacto con la chaqueta de Él pudo con ella y sonrió de nuevo.

Respiró por segunda vez y Él se inclinó un instante, dejándola a ella en suspense e intriga, en agonía y desesperación un par de segundos.

Respiró por tercera vez, esta con alivio al volver girarse él y tocarla de nuevo, algo dulce y nervioso, rápido y eufórico ascendió por su estómago y su respiración se entrecortó en la cuarta bocanada.

-¿En qué piensas?-le sobresaltó el tono de su voz, esa que parecía conocer, pero era incapaz de evocar con sus melódicos matices.

-En muchas cosas.-fue la única respuesta coherente que consiguió articular y rió por lo absurdo de sus palabras.

-Ejemplo.

-En la luz.

-Es bonita.

-Es especial.

-Es diferente.

Y los dos rieron por su juego de palabras, solo entre ellos dos, suyo y de nadie más.

Se miraron unos instantes y Ella pareció querer decir algo, ¿Qué podía decir?, era inútil, no era capaz de hablar, toda su mente se concentraba en la luz, en sus ojos, en su media sonrisa, y en la profundidad de su manera de mirar, Él apartó los ojos y ella los cerró por un instante presa de su estupidez, prometiéndose que nunca volvería a dejar escapar una oportunidad así, sabiendo que se mentía a si misma, aún así, la luz era especial y sus ojos eran lo único importante ese día, lo único que la podía apartar de sus pesadillas.
Él


Lo has decidido, es su última oportunidad para entenderlo, si no lo aceptan ya no te importará nada, Ella es más importante.

Entráis en la casa su mano en la tuya y todos se quedan mirando como idiotas, si, como idiotas.

Saludas y la presentas, nadie dice nada, es como si Ella no estuviera allí, son unos cabezotas piensas y la sientas en tu regazo dibujando lentamente con tu dedo en su muslo.

Ves que Ella saca un libro de Biología y abre una página distraída.

“Reproducción y sexualidad” alcanzas a leer y susurras en su oído un “interesante” que la hace reír, su rubor es encantador.

-Si sigues haciendo eso no podré estudiar nada.-te dice mientras para tu mano en su pierna.

Te apartas esperando su reacción que no se hace de rogar.

-No he dicho que quiera que te apartes.-dice y se pega de nuevo a ti.

-No quiero influir en tus exámenes.

-Ni yo en tus amistades.-dice frunciendo el ceño ante Rubí que la fulmina con la mirada.

Empiezas a pensar que esto no ha sido una buena idea.

-¿Aguantarás una hora más?-preguntas.

-Si.-dice volviendo la vista al libro.

LA observas concentrada durante la siguiente media hora, cada reacción de su cuerpo se refleja en su cara y sus ojos chispean cada vez que algo llama su atención, es fascinante.

Se revuelve incómoda, sabes que la inquieta este silencio hostil.

-¿Quieres que nos vayamos?, mi casa está libre.-dices insinuantemente.

Cierra los ojos y parece a punto de caer en tu tentativa pero sabes que nunca se rinde fácilmente.

-Aguantaré media hora más, ¿Seguirá libre entonces?

-Lo estará tooodo el día.-respondes feliz de que acepte.

Ella sigue estudiando y un papel llega hasta ti.

“Es una cría Ian, ¿Por qué no te rindes y juegas con alguien más experto en esto?”

Rubí te guiña un ojo, estás enfadado si, y mucho, esto es el colmo.

En cuanto Amy te mira os levantáis y os vais, ni tan siquiera te despides.

-Volvamos a casa.-dices y pegas su cuerpo al tuyo, para sentir ese efecto calmante de la droga de su piel contra la tuya.

Llegas a la puerta blanca y entras deprisa, es vuestro refugio, nadie puede entrar, no hoy.

La sientas en la meseta de la cocina y comienzas a preparar algo de comer, Ella se levanta y prepara las fresas.

Es como si te leyese la mente, fresas…

Tarareas inconscientemente una de tus canciones favoritas y paras cuando escuchas que alguien entra en casa.

Tu hermano entra inoportunamente en la cocina.

-¿Interrumpo?-dice mirándola de arriba abajo lo que te enfada ligeramente.

-Luck.-gritas.-creí que no habría nadie en casa hoy.

-Yo creí que estarías estudiando.-dice aguantando la risa, se acerca a Ella con su natural y odioso encanto.-soy Luck.

-Es mi hermano-aclaras.

Ella se acerca, Luck la besa la mano y le fulminas con la mirada.

-Ella es Amy.-dices agarrándote a su cintura algo posesivamente.

-Está bien hermanito, la casa es tuya.-dice guiñándole un ojo a Ella.

Parece confusa, es el odioso efecto que produce tu hermano en las mujeres.

-Olvidemos esto.-dices tratando de restarle importancia y ríes.

Llevas la comida al salón, la notas dudar, te sorprende sentándose en el suelo.

Sacudes la cabeza sonriente y te sientas a su lado, algo girado para observarla.

-Ha sido horrible, ¿verdad?- piensas en Rubí.

-¡No!, no tanto, ha sido raro, pero no horrible.

Miente y lo sabes, y Ella sabe que lo sabes, no importa, no habrá segundas oportunidades, es tu decisión.

-No lo aceptarán nunca.-suspiras.

-Ian, yo…yo no quiero causarte problemas ¿vale?, si pierdes a tus amigos por mi quizás…-dice Ella y se muerde el labio, no te gusta ese gesto, está preocupada.

Quieres saberlo, quieres saberlo todo.

-¿Quizás qué?

-Quizás no debamos estar juntos.

Esto no puede estar pasando, no a ti, no Ella, no puede dejarte, no sabes, quieres, puedes vivir sin Ella, no soportarías verla con otro, sin ti, no puedes respirar.

-No, no.

No, no, no y no, no vas a permitir que los gilipollas de tus amigos intolerantes e inmaduros te alejen de Ella, no, nunca.

-No.-repites.

Se levanta y te abraza, no puedes dejar de pensar en que sería de ti sin Ella, sin sus besos, sin su respiración al lado de la tuya, sin el simple gesto con el que te mira a los ojos, sin su mirada oscura, no, no y no.

Te dejas guiar hasta el sofá y acomoda tu cabeza en su pecho caliente, su respiración te tranquiliza.

-Nunca se me ocurriría dejarte Ian, nunca, es sólo que quizás no deberías sacrificar a tus amigos por mí.

-Nunca te dejaría por ellos, nunca.

-No merezco la pena Ian, no tanto como tú crees.

¿Cómo puede decir eso?, no conoces a otra persona y dudas que exista alguien que merezca la pena más que Amy.

Se acerca más a ti y la miras, la miras intentando descubrir si podría dejarte, si realmente piensa que no es lo suficientemente buena para ti o alguna otra estupidez similar.

-Lo que yo crea o no que merece la pena es mi decisión Amy y no conozco una persona en este mundo que lo merezca más que tú, asique olvida esa idea porque te quiero, y lo demás no me importa nada.

Ella se queda en silencio, se rinde, sabe que no puede ganar.

Te tumba de nuevo, pesas demasiado, no quieres molestarla.

Pasas un brazo por debajo de su cuerpo y le das la vuelta para colocarla encima de ti, su pecho con el tuyo, su cadera encima de la tuya.

Sonríe con esa media sonrisa que te vuelve loco y parpadea tan idílicamente que te quedas hipnotizado, pero cuando te besa, cuando Amy te besa todo lo demás desaparece, sólo tu boca y la suya al mismo compás, en batalla perpetua por el cuerpo del otro.

Te atreves a dar un paso más, la quieres, la deseas tanto en ese mismo momento que tu mano pasa por debajo de su camiseta acariciando su espalda, Ella se estremece y se levanta.

Despacio Ian, piensas, despacio.

Amy comienza a recoger y protestas, la escuchas abrir el grifo en la cocina, correr hacia allí y le quitas los platos de la mano, ya habrá tiempo para eso, ahora es tuya, completamente.

Se abraza a tu cuello y la besas, esta vez más deprisa, con fervor, la necesitas, tus manos vuelven a recorrer su columna y ella no se aparta, se acerca más, casi puedes fundir tu cuerpo con el suyo.

-¡Ya estamos en casa!-grita alguien en la entrada.

Tu peor pesadilla se cumple, Amy se separa, y cierras los ojos tratando de no echar a tus propios padres de casa en un arrebato.

-Creo que ya he conocido a demasiada gente por hoy.-dice mientras se escapa ágilmente por la ventana.

Sabes que te espera así que saludas a tus padres y rápidamente sales de casa, de la que debería haber sido tu casa, toda, entera durante todo el largo día.

Eso te enfada un poco.

-Prometieron estar fuera todo el día.-piensas en voz alta y agarras su mano.

-Tienes las manos heladas.-le dices, no recuerdas que tuviese las manos tan frías.

Ella se ríe y solo con ese sonido sabes que todo ha valido la pena, que ella es todo lo que necesitas, ya habrá otra casa vacía en otra ocasión, Amy es tuya, no tienes ninguna prisa y sonríes como un idiota.

Parte 3-Luck

ELLA

Caminas de su mano y entras a la casa, te concentras en respirar lentamente mientras todos sus amigos te observan perplejos, Él te acerca a su cuerpo y su mano que acaricia tu cintura te hace sentir mejor.

El silencio se rompe cuando Él dice “hola” y te presenta, saludas distraídamente con la mano y tratas de no temblar ante las miradas que parecen querer entrar dentro de ti.

Él te sienta encima de él y apoyas tu espalda en su pecho.

Comienzas a sentirte algo mejor.

Uno de sus dedos se apoya en tu muslo y lo recorre suavemente.

Te giras y le sonríes, nadie habla, ninguno de os presentes dice nada, es como si no estuvieses allí así que sacas tu odioso y garabateado libro de biología por el tema de ayer.

-Interesante.-susurra Él en tu oído al leer el título.

“Reproducción y sexualidad” lees y ríes, rompiendo el silencio sonrojada.

-Si sigues haciendo eso no podré estudiar nada.-le dices en voz muy baja mientras paras su mano en tu pierna.

Él entrecierra los ojos y se aparta.

Te inclinas de nuevo sobre su cuerpo.

-No he dicho que quiera que te apartes.- murmuras mirándole a los ojos.

-No quiero influir en tus exámenes.-dice, encantadoramente preocupado.

-Yo no quiero influir en tus amistades.-dices mirando a tu alrededor y apartas la vista de una ojiverde que te fulmina.

Él frunce el ceño al darse cuenta.

-¿Aguantarás esto una hora más?

-Si no te mueves si.-dices guiñándole un ojo y volviendo tu atención al libro.

Media hora más tarde el silencio es tan denso que te ahoga y te revuelves queriendo escapar.

Él se da cuenta, siempre se da cuenta.

-¿Quieres que nos vayamos?, mi casa está libre.-susurra.

Cierras los ojos e imaginas su casa vacía, sin toda esta gente hostil a la que no conoces.

Aun así no piensas rendirte tan pronto.

-Resistiré media hora más.- dices y añades.- ¿Seguirá vacía entonces?

-Lo estará tooodo el día.- responde con ojos brillantes.

Los minutos pasan despacio, cuando el reloj al fin marca las doce te vuelves, su expresión es enfadada mientras arruga un papel, prefieres no preguntar y te levantas.

Sin despediros siquiera atravesáis la puerta cogidos de la mano y salís de la casa.

Por primera vez, el ruido te parece algo precioso.

-Vámonos a casa.-dice acompasando su paso al tuyo y te pega a ÉL.

Gira la llave en la cerradura y enciende las luces, sentándote en la meseta de la cocina mientras abre la nevera.

-¿Tienes hambre?-pregunta preparando una ensalada.

Hasta para eso es perfecto piensas.

Te levantas y buscas un postre, ves fresas en la meseta y las preparas mientras derrites algo de chocolate. Él tararea una canción.

De repente alguien irrumpe en la casa.

Es un chico alto y rubio, con los ojos del mismo color bruma-mar que Él.

-¿Interrumpo?-dice mirándote de arriba abajo divertido.

Inevitablemente te sonrojas.

-¡Luck!-dice ÉL, dejando de lado la ensalada.-Creí que no habría nadie en casa hoy.

-Yo creí que estarías estudiando.-dice con una insinuación en sus palabras.-soy Luck.

-Es mi hermano-.aclara Él.

Te adelantas, Luck coge tu mano y la besa.

-Ella es Amy.

-está bien Ian, la casa es tuya.-dice guiñándome un ojo.

Luck desaparece dejando tras de sí una sensación extraña, no sabes si reír.

-Olvidemos esto.-ríe Ian.

Lleváis la comida al luminoso salón y se sienta en el sofá blanco.

Temerosa de mancharlo te sientas en el suelo.

Él te mira sorprendido fijamente y se sienta a tu lado, apoyando su espalda en la mesa.

-Ha sido horrible, ¿Verdad?- dice entornando los ojos.

-¡No!, ha sido raro, pero no horrible.-tratas de decir.

-Ha sido horrible, no lo aceptarán nunca.-dice frunciendo el ceño.

-Ian, yo…yo no quiero causarte problemas ¿vale?, si pierdes a tus amigos por mi quizás…-suspiras.

-Quizás ¿Qué?-insiste.

-Quizás no debamos estar juntos.

Se levanta y te mira asustado, frágil.

-No.-dice.-No.

Estás serio, muy serio, demasiado serio.

-No.-repite.

Ahora estás asustada, aterrorizada de haberlo tan siquiera pensado, te levantas y le abrazas.

Se deja llevar hasta el sofá y acomodas su cabeza en tu pecho.

-Nunca se me ocurriría dejarte Ian, nunca.-le dices tranquilizándole.-es sólo que quizás no deberías sacrificar a tus amigos por mí.

-Nunca te dejaría por ellos, nunca.

-No merezco la pena Ian, no tanto como tú crees.

Se levanta y te mira, de frente, sólo su mirada penetrante y tú en lucha por transmitir.

-Lo que yo crea o no que merece la pena es mi decisión Amy y no conozco una persona en este mundo que lo merezca más que tú, asique olvida esa idea porque te quiero, y lo demás no me importa nada.

No dices nada, es una batalla perdida.

Tiras de él y le colocas de nuevo sobre ti.

-Peso demasiado, no puedes respirar.-dice Él.

Te da la vuelta rodando por el sofá y ahora eres tú la que está encima de él.

Pecho con pecho, cadera con cadera.

Sonríes mirándole y le besas despacio, sin prisa, el día es vuestro, la casa es vuestra.

Sus labios aún tienen el sabor del postre, dulce y afrutado.

Su mano recorre tu espalda por debajo de la camiseta y te levantas.

Él protesta con un no exclamado mientras recoges los platos y abres el grifo de la cocina.

Se levanta y lo cierra, acorralándote en la cocina.

Te abrazas a su cuello con las manos mojadas que por tu primer intento con el fregadero estás helada.

Él parece no darse cuenta mientras te besa y sus manos siguen caminando por tu columna.

-¡Ya estamos en casa!-grita alguien en la entrada.

Suspiráis al tiempo y te separas, recomponiendo tu imagen, observas la ventana que da a la calle.

-Creo que ya he conocido a demasiada gente por hoy.-dices mientras te escabulles con un beso y sales rápidamente a la calle.

Ríes cuando Él saluda a sus padres como si nada hubiese pasado y le esperas en la esquina.

Minutos más tarde aparece algo enfadado.

-Prometieron estar fuera todo el día.-refunfuña mientras camináis hacia ninguna parte.

-Tienes las manos heladas.-dice confuso.

No puedes más que reír que ese es tu lugar, allí, a su lado y que todo lo demás no importa, todos los demás son irrelevantes.

Parte 2-Declaración de intenciones.

ELLA

Otra clase interminable, interminable y el sonido de la tiza repetitivo, monótono.

Él se asoma a la ventana un piso más arriba, buscándote con sus ojos azul-grises y sonríe cuando te ve.

Respondes inconscientemente a su sonrisa mientras pega un papel a su cristal, “Día D” pone y ríes, volviendo la vista a la lección y mordiéndote el labio.

Tus ojos sueñan.

El timbre suena y, como siempre, Él es más rápido, ya está esperándote, y sin importarle nada las miradas indiscretas de sus compañeros se abraza a tu cintura mientras te arrastra hacia la pared donde te acorrala, te obliga a mirarle a los ojos, a sus ojos y murmuras algo sobre chantaje emocional, pero a Él no le importa y se acerca para besarte, en el fondo ya no te importa lo que piensen.

Tú le besas primero y os vais, olvidando las miradas y los cotilleos, olvidándoos de todo.

-¿Por qué has hecho eso?-preguntas.

-Llámalo declaración de intenciones.-responde encogiéndose de hombros.

-Desatarás la guerra, todas me odian.-dices.

-¿Realmente te importa?-dice preocupado.

-No.-sonríes.

Entonces se para, serio alza tu barbilla y te mira profundamente, sin más, sólo sus ojos y los tuyos, sólo su mirada y la tuya.

Con el dorso de la mano acaricia tu mejilla y la deja apoyada en tu pómulo, inclinas la cabeza sólo para que su piel roce la tuya un poco más.

No dices nada, no quieres estropear ese momento, tu momento, vuestro momento.

Lo tiras todo, ya definitivamente y pones tus brazos alrededor de su cuello.

-No me importa absolutamente nada lo que piensen.-dices lentamente.

Por un instante te parece que te mira sin verte, o que puede ver dentro de ti, muy, muy dentro de ti, más allá.

Quieres saber qué es lo que está viendo pero no dices nada, pronto vuelve en sí y mira otra vez tus ojos.

-Eres, eres…-te besa, así, sin más, y ese beso transmite más, mucho más que todas las palabras del mundo, mucho más que cualquier imagen, mucho más.

Vuestros ojos están húmedos y sonreís, aun parados en medio de la acera.

Todos se han ido ya, y vuelves a casa con cada centímetro posible de tu cuerpo pegado al suyo.



ÉL

Derivadas integrales, lees en la pizarra mientras intentas entender algo de lo que el profesor te está explicando.

Te rindes y te asomas a la ventana, buscándola un piso más abajo y sonríes cuando ves que te mira.

Una ocurrencia pasa por tu mente y escribes con letras mayúsculas “Día D”, pegando el papel a la ventana, Ella ríe, regresando a su clase mientras se muerde al labio.

Es preciosa piensas justo antes de que el timbre suene y corres, ignorando las miradas elocuentes de tus compañeros, ya sabes lo que piensan, no te importa lo más mínimo.

La ves bajar las escaleras blancas de la salida, aún lleva un boli en la mano y anota alguna idea en un papel ya lleno.

Te acercas sin esperar y te abrazas a su fina cintura, mientras la acorralas contra la pared de ladrillos, sabes que todos te miran. La obligas a mirarte a los ojos y escuchas algo sobre un chantaje emocional, estás tan cerca que no puedes pensar con claridad, entonces es Ella quien te besa y tú la retienes, sonriendo.

Coges su mano y os vais, obvias los comentarios de tus compañeros, las estupideces que están diciendo, los cotilleos que habrá mañana, al fin y al cabo, era inevitable que lo descubrieran.

-¿Por qué has hecho eso?-te pregunta Ella.

-Llámalo declaración de intenciones.-dices sinceramente.

-Desatarás la guerra, todas me odian.- repone entonces Ella.

-¿Realmente te importa?-dices preocupado, no soportarías crearle problemas

-No.-dice.

Te paras realmente preocupado, no soportarías que tuviese ningún problema, alzas su barbilla y la miras perdiéndote en Ella.

Despacio acaricias con el dorso de tu mano su mejilla cálida, Ella inclina la cabeza.

Ninguno de los dos dice nada, sus brazos se colocan alrededor de tu cuello.

-No me importa absolutamente nada lo que piensen.-dice lentamente y su voz, su voz suena como una canción, un acorde, una promesa, más que palabras.

Un instante te pierdes en sus ojos, en Ella, en todo lo que te hace sentir, porque es única, es única y tú eres quien la besa, quien la abraza, eres el hombre más afortunado del mundo, Ella es extraordinaria, perfecta, preciosa y no puedes expresar con palabras todo lo que la amas, todo lo que significa para ti, lo completa que es tu vida gracias a sus manos, a su mirada, su sonrisa, gracias a cada centímetro de su piel.

Vuelves a la realidad y sigues perdido en sus reflejos castaños.

-Eres, eres…-dices intentando decírselo todo pero no puedes, las letras te parecen insuficientes y la besas, la besas como nunca, como si ese momento fuese el último posible, porque ese beso dice más de lo que podrías cantar, escribir nunca, mucho más que cualquier palabra.

Hasta un Te quiero te parece insuficiente.

Vuestros ojos estás húmedos y brillantes, su sonrisa es como un rayo de sol, aún estáis parados en la acera vacía.

Y la llevas a casa con cada centímetro de tu cuerpo posible pegado al suyo.

Él y Ella

Parte 1- Me rindo.


ELLA

Suspiras mirando a la ventana, el sol te daña los ojos, no te importa, Él está allí abajo, corriendo.

Ríe mientras saluda a las chicas que susurran azoradas.

Pones los ojos en blanco mientras te dice hola con los labios y clava su mirada clara en la tuya.

Apartas la vista mientras Él sigue corriendo y tratas de concentrarte en la lección de hoy que se te hace especialmente pesada.

Garabateas un par de palabras en tu libro, tratando de tomar apuntes, pero la ventana, esa odiosa superficie transparente te llama así que vuelves la vista hacia el patio.

Él sonríe hablando con un par de crías que intentan parecer mayores jugando con su pelo y parpadeando lentamente con sus ojos pintados.

Él las sigue el juego.

Al fin suena el timbre y escapas rápidamente de esas cuatro paredes que te hacen sentir presa.

Aceleras el paso tratando de no cruzarte con Él, de no sonreír como una idiota ante su blanca sonrisa pero Él ha sido más rápido y ya está ahí, esperándote con el pelo recién mojado tapando sus luminosos ojos mar.

Se acerca a ti y tratas de no sentir nada, de dejar la mente en blanco mientras camináis a casa.

Te abraza y rindiéndote de dejas abrazar.

Unas chicas pasan por vuestro lado, sabes lo que piensan, una chica tan simple con un chico tan espectacular, mientras dejan caer sus ojos y apartan con un ágil ademan el pelo largo dejando ver la piel de sus hombros y le sonríen al pasar.

Él las ignora y te pega más a su cuerpo.

Sabes que no tienes nada que perder, no te importa nada ya, sabes que no puedes olvidarle, ni podrás hacerlo nunca.

-Está bien.-suspiras cuando llegáis a tu puerta.- me rindo.

Su sonrisa te deslumbra y, antes de que te des la vuelta Él te besa, frunces el ceño ante lo inesperado pero te dejas llevar, ya nada importa.

Cuando se aparta os observas en el espejo.

Él es tan perfecto, en todos los sentidos, y tú sólo eres tú, nada extraordinario y Él te mira como nunca ha mirado a ninguna.

ÉL

Corres bajo el sol mirando su ventana y la ves a través de los reflejos del cristal, es preciosa, suspiras y das otra vuelta más, saludando ausentemente a unas chicas.

Cuando vuelves a pasar por su ventana Ella te mira, susurras un hola y la miras a los ojos, bueno, todo lo fijamente que puedes mirarla mientras corres, pero su mirada, oscura, sincera, penetrante, te sirve con mirarla un segundo.

Haces una pausa y charlas con un par de chicas menores que tratan de llamar tu atención, les sigues el juego, sabes que Ella te mira.

Intuyes que llega la hora y te duchas rápidamente, corriendo hacia la puerta, esperándola.

La ves, con el pelo despeinado y los libros aun en el brazo, brilla, brilla tanto, es tan diferente.

Te acercas a Ella tratando de no besarla allí mismo y camináis hacia su casa en silencio.

La observas durante todo el camino y te atreves a abrazarla, tu corazón palpita más deprisa cuando Ella no se aparta, ni si quiera de das cuenta de cómo os miran las chicas que pasan a vuestro lado, solo tienes ojos para Ella, asique te la acercas más.

Llegáis a su puerta y la ves cerrar los ojos, no quieres soltarla.

-Estás bien, me rindo.-dice con esa preciosa voz, esa que oyes en tus sueños, y tu respiración se acelera, dándote cuenta de lo que acaba de decir, tu mente va tan deprisa que lo único que quieres hacer es besarla, y lo haces, claro que lo haces, no tienes nada que perder.

Cuando la liberas os miráis en el espejo, tú, que siempre has sido hombre de muchas mujeres, el libre, el de las relaciones de una noche, y Ella, Ella es perfecta, en todos los sentidos, es extraordinaria, maravillosa, miras a través del espejo su mirada oscura, la miras como nunca has mirado a ninguna otra.

12-Sybil

El sol se cuela entre las cortinas blancas, observas a Sybil tumbada en tu sofá, el pelo rubio corto y despeinado, las perlas grises de sus ojos cerradas y una sonrisa en sus labios rosas.

Al final lo ha conseguido, si, estás enamorada de ella, aunque sea una niña, aunque nadie lo entienda, Sybil es a quien quieres.

No se ha rendido ni un segundo, es tan frágil y tan fuerte a la vez, tan decidida, tan orgullosa cuando te mira a los ojos, cuando alza su barbilla desafiante.

Cuando te besa sabiendo que no puedes resistirte por mucho que quieras.

Y ayer, ayer consiguió lo que quería, si, eres completamente suyo, lo eres en cuerpo y alma a pesar de que nunca creíste en las frases cursis, a su lado cobra sentido cada palabra.

Y aunque su apariencia sea decidida es tan inocente, tiene miedo, y lo sabes, no importa, no tienes prisa.

Contemplas su cuerpo, largo y esbelto, pálido y la arropas con la manta, está helada.

No quieres despertarla asique te sientas y la contemplas mientras piensas si tu elección es la correcta.

Es poco más que una niña y tú, tú tienes la sensación de que no la mereces, de que no debería estar contigo, de que la harás daño de algún modo u otro, de que eres un egoísta.

Si, un egoísta porque sabes que ahora tu opción está claramente escogida, que la amas, si, por muy fuerte que suene esa palabra, que quieres que se quede contigo, ahí, despertarte y acostarte con ella a tu lado, abrazarla, besarla y acariciarla, la quieres sólo para ti, aunque eso no sea lo mejor.

Sybil abre los ojos, sus dulces ojos brillantes y los clava en ti, se levanta tapándose con la manta alrededor de sus hombros y se sonroja ligeramente.

-Buenos días.-susurras con una sonrisa.

-Buenos días.-dice.- Dean…

-Sybil…

-Siento lo de ayer, yo, no quería molestar.

-Te quiero.-dices.

Sonríe con sus blancos dientes y sus ojos plateados de deslumbran.

-¿Estás seguro?

-Te quiero.

Te acercas a Ella que te hace hueco en el sofá, la miras a los ojos para convencerla.

-Te quiero Sybil Shane, y ya no me importa.

Abre la boca y respira hondo, su pecho se eleva y te acercas, tu mano acaricia su cuello.

Sybil se aparta algo asustada, te acercas un poco más, ya no puede huir de ti y sonríes pegándote a ella, hasta que su pecho toca el tuyo, ladeas la cabeza sin dejar de mirarla, cuando parece que ya no va a asustarse la besas.

Simplemente pegando tus labios a los suyos, sabes que no es suficiente para ti, te separas.

Entonces te sorprende, como siempre hace y te besa ella.

Estás en el séptimo cielo, Sybil es tuya, solo tú, ella y todo el tiempo del mundo.

El verano es vuestro y te pierdes en sus ojos ceniza.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Cap.4- ELLA Y ÉL

ÉL

Sales a la lluvia, pisando con pies descalzos la arena de la playa.

Escuchas el sonido del mar y tu teléfono vibra, no importa, no es Ella.

No quieres hablar, hay demasiadas dudas, demasiados interrogantes.

Sus ojos oscuros, su sonrisa, su piel pálida y su voz, las conversaciones, todo es demasiado confuso, no sabes lo que sientes, no sabes lo que está ocurriendo, ya no tienes nada claro.

Él tiempo pasa lento y una parte de ti desearía no tener estas distracciones, no es el momento, es todo tan inesperado…

La otra parte de ti piensa, ¿Por qué no?, al fin y al cabo, tu le gustas y ella te gusta a ti, ¿Cuál es el problema?

Después, está esa otra parte de ti que sabe que no puedes perderla, que no lo soportarías, que ya la quieres demasiado, que la necesitas, que un abrazo, su mano sobre la tuya unos segundos, el encuentro de sus ojos brillantes con los tuyos no es suficiente.

Sus historias, las tuyas, llamadas por la noche y robar minutos a las horas que vuelan cada vez que la ves.

Sus silencios, sus reflexiones, todo, cada momento te lleva a Ella.

La lluvia sigue cayendo y ves una figura avanzar distraídamente por la orilla.

Su pelo corto, empapada, es Ella.

Sus ojos se abren, tan sorprendidos como los tuyos e inevitablemente sonreís, se queda quieta, dudando.

Avanzas hacia ella, has tomado tu decisión.

La abrazas, aspiras el olor de la lluvia con su dulce piel y no la dejas separarse, nunca.

-No necesito más tiempo.- dices sin poder evitarlo, no controlas, ni quieres controlar lo que estás diciendo.

Ella trata de apartarse, está asustada, no la sueltas, no quieres soltarla.

-Te quiero.-susurras.-te quiero.

Sientes que ríe y su risa te hace cerrar los ojos y respirar hondo.

Te apartas un instante sin soltar su mano sólo para que vuestras miradas se encuentren y te pierdes en ella, en su sonrisa, en un ademán con el que aparta su pelo corto, estáis empapados.

Te acercas despacio, ella es todo lo que necesitas, es todo lo que quieres así que la besas, largamente, mientras la lluvia comienza a amainar, ni siquiera te das cuenta de que Ella tiembla.

Cuando abres los ojos, un rayo de sol.

Le prestas tu chaqueta que insiste en compartir contigo y camináis cuerpo con cuerpo.

Al fin todo está claro, todo, Ella…

ELLA

Caminas, llueve, sabes que le quieres, lo sabes y lo odias, odias todo esto, odias las dudas, la espera, pero, al fin y al cabo, el misterio siempre te ha gustado.

Caminas por la playa y sientes la arena bajo tus pies y tus zapatos en la mano.

Los sueltas y te quedas quieta un segundo, mirando al mar que se voltea furioso, ya es de noche, deberías irte a casa pero necesitas pensar y el sonido del agua te relaja.

Respiras hondo mientras comienzas a caminar hacia las escaleras.

Estás nerviosa, esa sensación en tu estomago no desaparece, ¿Qué estará haciendo Él?, ¿Estará pensando en lo mismo que tú?

Sacudes la cabeza y ves una figura a lo lejos, un destello de sus ojos azules te deja paralizada, es Él.

Es Él, y, por un momento te das cuenta de que estás empapada, sonríes inconscientemente y tiemblas mientras se acerca y sin decir nada te abraza.

No sabes si se ha decidido, si esto es un adiós o una determinación, no sabes nada, asique cierras los ojos y disfrutas de la sensación de su cuerpo contra el tuyo.

-No necesito más tiempo.-le oyes susurrar.

Inevitablemente tus músculos se tensan, y esperas un odioso segundo, Él te retiene y tú te dejas retener.

-Te quiero.- dice y sientes que todo ha merecido la pena, que le quieres más que a nada, que todo es perfecto.

-Te quiero.- repite, y ríes de nerviosismo y felicidad.

Te hundes en sus ojos que brillan, en su mirada y solo dejas de mirarle cuando te besa, largamente, su sabor, todo es tal como has soñado.

Al fin todo está bien, todo, Él…