"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

viernes, 16 de julio de 2010

El olor...

Cerró los ojos y posó la mano sobre el cristal, el agua corría rápido unos centímetros más allá, casi podía tocar las nubes, la niebla cegaba el paisaje.

Abrió los ojos y entre las pestañas, oscuras y espesas, atinó a a adivinar los árboles más abajo.
El vértigo de la bajada le dejó una sensación salvaje en el estómago, el verde oscuro y brillante de la selva mejicana, húmeda e indómita se enredó con la bruma celeste oscura, ya podía ver la tierra mojada de los caminos, la tierra del nuevo mundo, el del oro y los mayas, el Méjico de su infancia, el de sus sueños, el del aire espeso y el olor a selva, dulce y envolvente.

Horas más tarde la lluvia repiqueteaba musical en el techo de hojalata del vagón, el agua se colaba por las puertas, jugando a mojar el brillante suelo, a chispear los vestidos de las señoras americanas que sonrieron ante un comentario del conductor.
Cerró los ojos e inspiró de nuevo el aroma de su hogar, el cálido perfume del país del sol dorado y las pirámides de piedra, el olor que nunca había podido olvidar, sonrió, había regresado, al fin, había regresado.

P.

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