"Yo sola entre los Dioses conozco la llave de la estancia donde está sellado el rayo." Roberto Calasso.

viernes, 11 de junio de 2010

Mi paciencia, al contrario que mi estupidez, no es infinita.

A veces me siento como si el mundo fuese mio, como si pudiese arriesgarme, como si nunca fuese a perder, como si todo estuviese en el lugar, y el momento adecuado.

Entonces sonrío, soy feliz, me siento completa, la última pieza del puzzle, la que encaja a la perfección.

Es en esos momento cuando miro a los ojos de cualquier persona y pienso,, ¿Habrá sentido alguna vez lo mismo que yo ahora?¿será realmente feliz?

Pero siempre, siempre, siempre está esa parte de mi que me dice, no eres feliz, te falta algo, siempre te falta algo, un beso, un sueño, una meta, alguien que no está a tu lado.

Ese segundo de duda, ese infinito segundo mi mundo se desmorona por completo, y odio saber que esa porción de mi misma, ese pequeño trozo de mi subconsciente sabe más que todas las demás partes.

Es la favorita, la privilegiada, la que escondo, la que solo saco cuando estoy sola, de noche, cuando llueve, cuando canto o cuando escribo.

Y la odio, si, la odio, la odio porque tiene razón, la tiene, si, y lo sé.

Y por esta vez, esta vez no quiero saber la respuesta, me niego, no anhelo salir de mi imagen idílica de mi vida y encontrarme vacía, encontrarme de cara al miedo, a la nada, a la ausencia.

Y vuelvo a encerrar esos pensamientos hasta que otro de esos segundos, una palabra, una mirada tuya los hace salir, dudar y vencerme.

Es en ese momento cuando envidio a todos los demás, el tener a alguien a quien acudir cada día, alguien que pegue su cuerpo al tuyo, alguien que te bese cuando no lo esperas, alguien que te quiera, en definitiva, alguien que no está en mi vida.

Alguien que parece no llegar nunca, mi paciencia, al contrario que mi estupidez, no es infinita, empiezo a cansarme de este juego.

P.

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